El plan de un mercado drogado


La FGEE ha cambiado presidente y este ha expuesto las líneas generales de su programa de acción.

La idea que me resulta más chocante es la propuesta de un plan nacional para la lectura (denominado pomposamente, me parece a mi,Plan Integral de Fomento del Libro y de la Lectura) basado en loen ayudas a la compra directa de libros. Digo que me resulta chocante porque es, como siempre en mi opinión, una idea funesta.

Expongo por qué

El mercado drogado

La compra directa de libros es un instrumento del demonio. De hecho es una forma de subvención directa cuyo resultado es la generación de un mercado drogado e irreal. El sector editorial tiene mucho sobre lo que reflexionar: superproducción, calidad, distribución, edición digital y mucho más y un mercado drogado no haría más que empeorar la situación permitiendo un status quo que es inviable, eso en vez de alentar la reflexión y la acción.

Bien sé que eso tendrá efectos negativos en algunos, positivos en otros.

Añado pues algunos ejemplo de cómo las ayudas pueden generar una imagen irreal de las circunstancias en que se mueven los editores, los autores, las librerías, los distribuidores y finalmente los lectores.

Hace ya años, ante la caída del consumo de azúcar, el gremio azucarero promovió una campaña que alentase a su consumo (¿alguien recuerda “16 calorías en cada terrón?). El consumo remontó, pero no todos resultaron beneficiados. Los grandes grupos azucareros coparon las ventas, el resto no notó nada o aún perdió cuota de mercado. La FGEE tome nota de cómo hacer pagar a sus socios la campaña que proponga porque los grandes grupos serán los beneficiados directos de una ayuda directa, claro que igual eso le importa poco a la FGEE.

Otro aspecto por el cual una iniciativa como la propuesta no da buenos resultados a largo plazo puede deducirse de las subvenciones que el gobierno catalán otorgó durante años a la creación de música en catalán. Gracias a estas subvenciones hubo una eclosión, relativa, de grupos y solistas que cantaban en catalán y consecuentemente de todo tipo de iniciativas y figuras: de casas discográficas a salas pasando por agentes. Cuando el gobierno puso fin a estas subvenciones ,se produjo una debacle. La realidad sobre la que se asentaba el fenómeno simplemente no existía. Mutatis mutandis, el resultado es postergar algo que puede ocurrir ya.

El efecto perverso

Pero además existe un efecto perverso en secundar las ayudas a la compra directa. Si por un lado los primeros favorecidos son los grandes grupos editoriales, por el otro entre los lectores los más favorecidos son los grandes lectores, quienes, por otro lado, pertenecen a un grupo socioeconómico menos precario (y anoto el concepto partiendo del vuelco del negativo). Dicho de otro modo, quienes leen más están entre quienes tienen más y un campaña como la propuesta favorece a quien menos lo necesita. Si no bastase esto en ningún modo asegurar crear nuevos lectores.

Abundo y coloco aquí un tercer ejemplo: el plan Renove ha registrado un incremento significativo entre la gama alta de vehículos, que no es precisamente el tipo de vehículo que compra un obrero o un trabajador precario.

En conclusión, el plan propuesto tiene como único objetivo subvencionar la venta de libros y en absoluto desarrollar un plan de fomento de lectura. Se trata de un plan de contingencia, de emergencia, un plan de corto o brevísimo plazo, cuando lo que en realidad se necesita (y de verdad se necesita) es un plan estratégico a medio y largo plazo. Con esta propuesta se incrementan artificialmente las ventas, se falsea la situación de sector, se coloca un parche, se incrementan las desigualdades.

Si la FGEE quiere hacer un plan nacional de lectura entonces debe ir en sentido opuesto, generando un plan estratégico que implica a lectores, editores, bibliotecarios, clubes de lectura, autores, libreros y quien más tenga que sume. Es importante establecer un criterio que no penalice la edición electrónica y es imprescindible que se abandone la idea de la subvención, pero si se incluyese es necesario, siempre a mi juicio, que se introduzca un criterio de progresividad en la ayuda según renta y situación de desfavorecimiento o precariedad, en modo de subvertir fenómenos de desigualdad creciente por imposibilidad material de acceso a los recursos. De lo que se trata en último extremo es hacer del libro otro factor de transformación y enriquecimiento personal y colectivo en este país fomentando que haya, entre otras cosas, muchos nuevos lectores. El sector editorial saldrá largamente beneficiado y en modo limpio de esta nueva situación.

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