Sobre el valor de la palabras y la terminología.

Es lamentable, creo, lo muy acostumbrados que estamos a hablar como si enunciásemos titulares o, en alternativa, lo muy acostumbrados que estamos a que los titulares de las noticias sean aproximativos, eso cuando no desvían directamente el foco de la noticia. Tanto es así que al parecer no exigimos en nuestra lectura precisión en la expresión. Viene todo esto a cuento de la última entrevista concedida por Arantxa Mellado a un medio argentino; me da igual si luego las imprecisiones son atribuibles al periodista o a Arantxa Mellado, si los periódicos solo hacen titulares, si es culpa de todos nosotros, incluido el aquí firmante, que ya no somos autoexigentes o todo junto. De hecho me es indiferente, porque lo que cuenta en esta entrada es como la falta de precisión y terminología unívoca está condicionando el modo que tenemos de representar el mundo y la realidad del libro en el mundo. Nada personal pues. Voy a por ello.

Segunda afirmación

Primera afirmación

!nternet permite que cualquiera pueda ser autor

O la mitificación de internet. No me resulta que internet como tal haya hecho posible la autoría a nadie en medida mayor a cualquier otro medio, incluyendo el papel y el lápiz. Ser autor es el resultado de una decisión personal que lleva a la realización de una obra “de ingenio” única, más o menos, en forma o contenido o ambas. Quienquiera siempre ha tenido la posibilidad de ser autor, bueno o malo, usando los medios que la ´época le brindaba, de la arcilla a internet. La confusión aquí está entre ser autor y publicar. Internet ha hecho más fácil publicar las propias creaciones porque ha rebajado los costes para esto respecto al pasado y a otros medios. Confundir autoría con publicación es confundir las cosas, es colocar el resultado en lugar del proceso, la conclusión por delante de la génesis. Esta primacía pretendida de internet tiende a darle una importancia desmesurada, a convertir internet en una especie de motor cuando en realidad en un medio a través del cual podemos difundir, usar herramientas que pone a disposición pero que son una parte y no todo internet e incluso podrían subsistir en algunos casos aun cuando internet fuese otra o fuese menos o no fuese en absoluto. Autor se ha podido ser siempre, con o sin internet y los modos de exclusión y filtro han cambiado pero no han desaparecido.

Segunda afirmación

En su opinión, el libro va a desaparecer como formato de lectura pero “se va a mantener como objeto decorativo”. “Poco a poco el formato libro va a quedar relegado para aquellas obras que realmente nos hayan gustado, aquellas obras que necesitemos tocar, que necesitemos palpar, que necesitemos tener allí y verlas porque realmente han formado parte de nuestra vida o nos han impacto de una forma muy especial. El resto de las obras las consumiremos en digital”, agrega.

La confusión de la normal en estos días y considero que, teniendo en cuenta el resto de la entrevista, Arantxa Mellado un poco ha ido remezclando conceptos que han hecho de la afirmación algo un tanto más turbio.

El libro va a desaparecer en su forma impresa, parece querer decir, pero la frase tiene un acento mucho más definitivo. Se confunde libro con formato de lectura, función con forma. O bien no estamos de acuerdo con esta afirmación mía y entonces precisamos cuanto antes una aclaración terminológica porque la cantidad de confusión que se genera con la polisemia de “libro” amenaza con crear escenarios de incomprensión apocalípticos. La extensión de la lectura a formas no necesariamente librescas, como defiende bien Arantxa Mellado, tiene poco que ver con el libro en si como formato y con la supervivencia del libro como designación de una agregación de textos más o menos enriquecidos, más o menos electrónicos. Esta extensión inició hace mucho, pero el libro no ha desaparecido como tal. Una confusión derivada es la de confundir venta de libros y editoriales con el libro en si. No son sinónimos y en cierto modo Mellado lo entiende, pero estoy en desacuerdo con su lectura de la nueva cadena de valores del libro en un entorno digital: otro día hablo de eso.

Un último aspecto es, a mi modo de ver, que la equiparación del libro (tout court) con “objeto decorativo” pone al libro en la misma posición de valor simbólico de un pisapapeles o un jarrón. Una identificación que solo puede hacer daño al libro, impreso o electrónico que sea, pues más allá del formato el valor simbólico permanece en cuanto vector de un contenido. Si para empezar no le damos valor con nuestras palabras, siendo un constructo de palabras y pensamientos, no tendrá valor alguno.

Una última afirmación discutible

Pero hay otro elemento en este mapeo general que no puede obviarse: el rol del Estado que, en sus palabras, tiene que tener una presencia “muy medida, en la primera fase el papel gubernamental es fundamental” ya que, “si se comporta de forma demasiado proteccionista, lo que hace es eliminar la iniciativa, entonces el editor se acostumbra a que todos los libros vengan financiados y subvencionados por el gobierno y deja de ser creativo, se acomoda”.

El mito de la creatividad como desafío, sobre todo la creatividad como desafío de mercado, tiñe esta afirmación; y es significativo que en la argumentación se alternen los términos iniciativa y creativo, como si fuesen sinónimos a siquiera cercanos en significado. Una iniciativa es lo que da principio, la cualidad e adelantarse al resto y puede ser o no creativa, puede ser social o comercial, colectiva o privada. Creativo es algo capaz de estimular la creación o la innovación. Iniciativa y creatividad son iguales solo en la retórica de una visión de la vida económica. Buena parte de la creatividad no ha tenido como fin el mercado aun cuando haya terminado en él. Esto es especialmente cierto para la creatividad artística, que con frecuencia ha desafiado conceptos y postulados estables para abrir otros horizontes y solo el tiempo ha decretado la aceptación del mercado; hablamos de pintura, de escritores que en vida no vendieron un libro y otro largo etcétera.

Así, creo, se habla pues de creatividad empresarial. Esa que requiere que el estado subvencione pero limitadamente, que intervenga como solo acicate. Debate interesante aunque me pregunto siempre por qué el estado debe intervenir invirtiendo sin recibir ninguna parte de los beneficios, por qué no invierte en vez en incitar a los ciudadanos a crear simplemente, con un retorno más social que económico y sobre todo con un provecho que no será privado.

En definitiva, es necesario que todos, y que Arantxa Mellado me perdone por tomar su entrevista como ejemplo, realicemos un esfuerzo al hablar del libro. Es necesario que usemos un vocabulario más preciso y que renunciémos a las simplificaciones de titular periodístico. Es necesario también, estoy convencido, iniciar a dar valor a las palabras que pronunciamos y escribimos si deseamos convercer del valor de las palabras, o contenidos como los llama Arantxa Mellado, de otros.

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Sin lectores: previsiones de un sector imprevidente

Con el año nuevo llegan siempre con profusión las previsiones de desarrollo de la agenda del sector editorial. Como todos, quien más quien menos, he leído una cierta cantidad de previsiones, encontrando a faltar siempre la misma: una política general para la lectura y una reflexión del sector editorial sobre cómo ganar lectores.

Aprovecho entonces para hacer un inciso: ¿es algo casual o pertenece a ese área programática del sector que consiste en sentarse a esperar que otros trabajen para él? ¿Entiende el sector editorial que sin lectores que les compre libros no tiene algún futuro?

Hago mías entonces las palabras de Julieta Lionetti en los comentarios de los comentarios de este post de Bernat Ruiz Domènech:

¿Cuánto tardaremos en darnos cuenta de que el libro es para cuatro locos, aunque se cuenten por decenas de miles? En eso reside la reconversión anhelada…

¿Cómo piensa seguir adelante el sector editorial? ¿Pondremos toda nuestra confianza en exprimir los datos de los (pocos) lectores para exprimirles aún más? ¿Pondremos toda nuestra confianza en la tecnología? ¿Pondremos toda nuestra confianza en la gamificación de la lectura o en cualquier otro factor?

Cobran sentido entonces las once preguntas que Manuel Gil Espín realizaba en su página Facebook a raíz del simposio valenciano sobre lectura, libros y demás (sobre el mencionado simposio aquí). Un simposio que presenta bases interesantes de trabajo, pero que deberá demostrar que ese trabajo va a hacerse con continuidad y que no quedará todo en agua de borrajas, en un país que entiende una campaña de lectura como algún anuncio en televisión y algunos pósters en las bibliotecas.

Ojalá estemos ante un cambio de ruta. El siguiente paso será, en mi opinión. una puesta en común de todas las experiencias rotuladas “campañas de lectura”, buscando ideas que funcionan, creando colaboraciones, postulando desarrollos que tengan mucho de social y sostenible. Y lo que hará el sector editorial está por verse, pero si no hace nada, si el sector se cruza de brazos esperando resultados que tenga en cuenta que lo harán sin esperarle.

2020: horizontes inútiles

2020 será el año en que el #ebook de el gran salto en América latina. Un fecha más en los hitos del libro electrónico. ¿Qué pasará si no se cumple? Nada.

Entonces, ¿qué función tienen estos anuncios y a que se deben?

Lo que sigue es, como siempre, pero dejo de advertirlo por si acaso, mi opinión personal.

Al parecer es necesario crear un clima de competición entre los diferentes formatos del libro en razón de una naturaleza diferente. Es notable el interés por hacer coincidir el libro digital con la ciberutopía y el libro impreso con la realidad tangible; la verdad es que en algunos casos parecer que asistamos a un encuentro en la distancia entre ciberutopistas optimistas y reticentes ácidos.

Si observamos los términos usados para este encuentro (que a veces más parece un desencuentro) entre los formatos del libro estos se centran en:

  • superación
  • explosión
  • dominio
  • crecimiento

Los dos primeros parecen aplicarse solo al libro electrónico. Los dos últimos a ambos formatos.

Obviamente las respuestas se centran en:

  • desaparición
  • dominio real
  • fracaso

En concreto este último adjetivo se airea al repasar todas las proyecciones fallidas de superación del libro electrónico sobre el libro impreso. Es natural que consecuentemente se deduzca que el #ebook ha fracasado.

¿En qué ha fracasado el libro electrónico?

Evidentemente no ha desaparecido (y no tiene visos de hacerlo) y es el único formato del libro que crece realmente en volumen de ventas: dejemos apara otro rato el debate si se gana menos o más con el #ebook y por qué.

El libro electrónico no ha fracasado en sí. Han fracasado todos los intentos de colocar fechas a un curva de “crecimiento de un producto” y en focalizar este crecimiento como un choque con otros formatos. La imposibilidad de establecer esa fecha se vio desde muy al principio pero no por eso se ha cejado en el empeño; acogido con favor, por otro lado, por quienes han creído en serio que en este choque entre formatos y lo han visto y vivido como un choque de civilizaciones: vivimos demasiado imbuidos en una atmósfera apocalíptica sin advertir que la Apocalipsis real es que en término absolutos estamos perdiendo lectores, en cualquier formato. Por otro lado me pregunto si en efecto el libro electrónico es percibido por los lectores como un producto distinto del libro y que consecuencias tiene esto.

Fracasado el intento de establecer una jerarquía, esto refleja el término dominio, con un horizonte preestablecido cualquier acusación parece válida, cualquier razonamiento sostiene la implícita superioridad del libro impreso. Y aquí, en la respuesta al fracaso de la profecía, está el germen de una situación potencialmente infinita o al menos hasta que el libro electrónico supere al libro impreso.

Pregunta: ¿superará el libro electrónico al impreso porque el primero supere los índices de ventas del segundo o porque las ventas del segundo caigan tanto que el primero vencerá por abandono? Es una pregunta malvada sin duda. Además, sin datos realmente ciertos, todas estas cábalas son solo un juego de prestigio al que se prestan los productores de dispositivos lectores, los ciberutopistas, los reticentes y no sé quien más, porque otro aspecto interesante de esta polémica inútil sería saber o establecer quien fomenta una polémica como esta, tan sin salida y con que objeto final.

¿Realmente el libro electrónico no ha fracasado?

Considero que no. Otra cosa es que haya triunfado. No lo ha hecho porque hasta el momento y en general los principales interesados en el desarrollo de un sector editorial, los editores, no le han prestado ninguna atención y desde luego poco han participado en su desarrollo y en su calidad.

Me parece sin embargo que el término triunfo desvía la atención y supone una idea que no corresponde. Lo que debería preocuparnos es como editar libros electrónicos que adhieran cuanto más mejor al mayor nivel de calidad posible en un contexto de edición profesional y en hacer esto evidente en la lectura del libro mismo. Lo que ha fracasado no es el libro electrónico sino nuestra actitud como editores, en primer lugar, en relación con él y el libro impreso no vence una guerra inexistente, no hay vítores que entonar.

Lo que propongo es que nos olvidemos de colocar fechas a eventos que no tienen sin interés y que nos distraen de dos urgencias y necesidades:

  1. crear lectores
  2. abordar la edición en forma rigurosa, profesional y eticamente responsable.

Del fracaso, del éxito y del dominio de un formato ocupémonos otro día, cuando no tengamos nada que hacer.

Iremos adonde queramos ir

Desde Publishing Perspectives llegaba esta semana la idea/noticia que no queda más remedio en futuro que considerar la edición una servicio (utilities en inglés, un servicio como el agua o el gas), sopena la desaparición del mundo editorial.

Examino la cuestión.

“…books as utilities, but that’s where we are going anyway”

En primer lugar me parece que existe una distancia efectiva entre los servicios citados y el libro o libros.

En segundo lugar la ineluctabilidad que evidencia la frase nos coloca ante un determinismo que mal casa con la libertad que atribuyo al libro y con la libertad que atribuyo al editor de decidir que libro desea editar y como desea editarlo: se trata de una frase que no da salida alternativa puesto que “es ahí a donde vamos de todos modos”, la oposición o la rebelión son inútiles.

Una sola posibilidad de desarrollo activa mentalmente el conformismo con una idea de desarrollo que es unilateral, poco 2.0 para entendernos, nada interactiva, nada dada a la compartición, nada dada al diálogo.

Siempre cabe abrazar una posición más flexible: es un posibilidad que no debemos ignorar porque los editores no deciden ellos solos, también cuentan los lectores.

Me pregunto cuando y como se han manifestado los lectores, me pregunto sobre cómo ha cristalizado este movimiento desde abajo (pues la idea de fondo de esta flexibilidad nace de la idea del proceso vertical, en el cual los editores deciden y los lectores padecen) y sobre todo me pregunto como el lector ha llegado a concebir este cambio ontologico sobre la naturaleza del libro. Mutatis mutandis la cuestión se parece mucho a los cambios que los ciudadanos padecemos sin haberlos decidido pero con los cuales estamos preceptiva y tácitamente de acuerdo por nuestro propio bien, o mejor esperando que así sea.

Creo más bien que el cambio no lo han decidido los lectores sino las editoriales (no digo los editores, sino las empresas).
La transformación del libro en servicio abre el camino a la expansión de las posibilidades por las cuales es posible seguir vendiendo: partes del libro, accesos a al libro, al autor, a caminos paralelos o divergentes de la obra. Esto no solo representa un gran engaño, pues se atribuye a quien no ha decidido la decisión, sino que además termino, temo por representar un cercenamiento de la capacidad del lector de generar mundos contiguos a las obras leidas y de compartirlos: tiempo al tiempo, si no ha ocurrido ya, veremos como estos servicios, estas posibilidades acabarán por estar cubiertas por restricciones debidas al copyright.

That’s where we are going only if we want to go

No creo en absoluto, por otro lado, que exista una sola via. Y no creo que la reificación del contenido, que determina a la postre la banalización de las obras y la pérdida de su valor simbólico, pueda contribuir a nada que no sea la intensificación de la economización de la edición y del libro.

No lo olvidemos, el libro es una instrumento de transmisión de ideas, que se manifiestan en ensayos, novelas o poesía. A las ideas está dedicada la acción del editor, a las vías por las cuales estas son accesibles. Las formas en que hagamos nuestra edición accesible son las formas en las ideas crecen y se diseminan. 

Considero que el editopr debe volver a plantearse una paso atrás, como ya he dichoen diferentes ocasiones. No es esto una acto de conservadurismo sino un acto consciente de renuncia a la carrera al beneficio a corto plazo en aras de un beneficio menos a largo plazo, que sin embargo supone un beneficio colectivo mucho mayor y un enriquecimiento global significativamente mñás alto porque, entre otras cosas, el acceso a los servicios no es un bien universal garantizado sino un embudo siempre estrecho. Nuestro esfuerzo, como editores, debe consistir en reapropiarnos de la edición como concepto y práctica y poner al alcance de un numero siempre mayor de individuos. Cómo hacerlo es algo que iremos descubriendo porque no hay una sola forma para realizarlo. Y esto es una muy buena noticia.

Miscelánea de fin de año

Empiezo esta miscelánea de fin de año, no creo que escriba nada más hasta el próximo 2015, con la extraña posición de Fernando Iwasaki a propósito del libro impreso y el libro electrónico. Digo extraña porque a estas alturas del baile pensaba yo que ya estaba claro quien era la novia y cual era el baile. Se ve que no.

A Fernando Iwasaki le ha dado por sumarse a una demagogia pobre, ramploncilla, que se manifiesta en dos líneas argumentales: es lo digital lo que acelera y publica lo que no tiene valor; el contenido y el contenedor son lo mismo.

La primera vive en esta magnífica frase “los lectores de clásicos, de autores minoritarios y de todos esos títulos expectorados del supermercado digital por no haber vendido lo suficiente”. Cualquiera que navegue un poco por el sector editorial sabe cual es el ritmo de rotación del libro impreso y el tenor de lo publicado, así que lo digital ni es peor, ni tampoco mejor, por desgracia, añado. Y lo más divertido es que también Iwasaki lo sabe: “Cada vez que alguien anuncia el fin del libro impreso y de las pequeñas librerías, sospecho que se refiere en realidad a esa parte de la industria editorial que nada tiene que ver con la literatura, como las memorias de los políticos, los recetarios de los periodistas, las novelas de los cocineros o los manuales de autoayuda”. 

La segunda argumentación es de verdad la que me parece más interesada y menos reflexionada y la que me duele más: “a diferencia del libro impreso, un Kindle de segunda o tercera mano siempre será un cachivache”. Confundir el libro, con el instrumento que hace posible su lectura es triste, como confundir La Celestina con la edición que se hace, que la Torah no es un libro porque es un rollo. Un cachivache podría ser un libro impreso y desencuadernado, de esos que se usan para evitar de la mesa cojee o que esos otros que se tiran a la cabeza cuando se discute. La confusión entre contenedor y contenido, repito, me parece muy interesada, pero claro, el patrocinador era quien era. En todo caso. va siendo hora, definitivamente, de desterrar estos típicos tópicos.

No puedo dejar a parte otra cuestión que también a ocupado su tiempo esta semana: la equiparación libro electrónico–software realizada desde las páginas virtuales de PubPerspectives. Desde ahí se apuntaba a la posibilidad que los usuarios realizasen una tarea de correcto ortipográfico. La cosa no deja de ser curiosa. Desde siempre ha existido la posibilidad de señalar errores de este tipo a las editoriales, algunas incluso incluían esta petición en sus páginas finales. Era una opción de cortesía ante un error que había escapado, una excepción en un libro. Me da la sensación sin embargo que ahora estamos ante la sistematización de un fenómeno que debía ser residual: el error ortotipográfico es cada vez más frecuente. Concebir el libro electrónico como un programa en beta perpetuo es la solución de quien no realiza un trabajo de edición y tiene algunas consecuencias devastadoras: me centro en la concepción de trabajo profesional, no en el fanzine colaborativo donde los que cuenta es el empeño, porque en un trabajo profesional el empeño, como el valor de los soldados, está más que supuesto y si no a la calle. La primera es que resulta difícil explicar la diferencia entre un trabajo profesional y uno aficionado, sobre todo si el profesional es tan aproximativo. La segunda es que transforma a los lectores en dependientes no pagados, que por otro lado han pagado, poco o mucho, por el libro que lee; esto para mi tiene el tufillo del timo. La tercera es que precariza aún más si cabe la posición de muchos profesionales.  La solución real pasa por realizar un trabajo bien hecho, por ofrecer una edición de calidad, por no permitir que la edición digital sea un pariente pobre y deficitario de un sector que parece estar dispuesto a rebajar cualquier estándar. Si deseamos dar un futuro a esta actividad hay que empezar por volver a la base honesta del trabajo duro y la calidad como sello distintivo, o quizá halla que terminar por crear ese sello de calidad en lo que se refiere, al menos, al libro electrónico.

Llega fin de año y por supuesto llega el anticipo profético de lo serán las tendencias del sector editorial el año próximo. Habría que ir anotando cuantas de las que se indicaron para este año han acabado cumpliéndose y cuantas no, como si se tratase de la verificación del horóscopo. Lo que cambia es que por detrás de las previsiones o profecias puede haber más de un interés.

Por el resto, buenas fiestas y feliz año a todos.

Sobre el estado del libro electrónico y otras cuestiones

Lo que hoy escribo es fruto de las muchas solicitudes que vienen del sector editorial, especialmente de entre los que se hallan en su periferia (por tamaño, vocación, residencia y demás) y que son la expresión, interpreto y si no que alguien me corrija, de la sensación apremiante de necesitar una cambio de rumbo urgente.

El recorrido que voy a trazar será sinuoso, ya se me perdonará.

Empiezo con una cuestión que está en el margen de las precupaciones de los pequeños del sector editorial, pero que otros ontereses se empeñan en empujar hacia adelante, poniéndolo en primer plano: la piratería.

Se aduce que la piratería está motivada por los precios, la falta de disponibilidad de títulos, la mala fe y el poco respeto por los legítimos derechos de los autores (que curiosamente no son los que abordan con mayor frecuencia la cuestión y eso ya da que pensar). Para dar peso se incluyen variables cifras sobre el impacto económico de la piratería: no me canso de decir que dichas cifras son tan reales como cualesquiera otras pues este sector es opaco y mal se conocen, si se conocen, el número de ventas, la vigencia de los títulos pirateados y el porcentaje de ebooks que se piratean siendo estos ebooks de partida y por tanto el porcentaje de ebooks pirateados, o lo que es lo mismo ignoramos el peso real del ebook. Estamos ante la imposible dimensión numérica del fenómeno. Todas estas cuestiones son, a mi juicio, secundarias respecto a dos consideraciones:

¿son los piratas grandes lectores? ¿todos? No tengo las respuestas, pero se me antoja que no puede ser tajante porque teniendo en cuenta el índice de lectores de este país sería extremamente preocupante que los piratas todos fuesen grandes lectores, posibilidad que por otro lado sería optimista. Ninguna respuesta simplista es posible. Nos hallamos en una situación de numerosos matices.

Del mismo modo que se asume que quien compra un bolso falso de Louis Vuitton no se comprará uno auténtico, y se admite que esto ocurre porque no pertenecen al mismo segmento social y de renta, quizá es necesario asumir que un pirata no comprará un libro, si bien la linealidad de la motivación no me parece tan evidente.

La conclusión pudiera ser la misma a la que han llegado más allá de nuestras fronteras: dejamos a un lado a los piratas, concentrémonos en quien compra, ofrezcamos un producto de calidad (y hagamos que esta calidad sea apreciable, bien sé que se trata de una cuestión de máximos y que no siempre la calidad final refleja este pensamiento o la pretensión del lector final, aunque apunto al hecho que la mayor parte de los lectores de libros electrónicos no distinguen entre calidades electrónicas) a un precio razonable: todos compran bolsos, uno pocos compran Viutton, otros sus copias. La piratería ha existido siempre, haría falta un análisis histórico y menos hipocresía.

El futuro

La cuestión que se enlaza con este manido tema de la piratería es cuál es el futuro del libro electrónico.

Premisa: el libro electrónico tiene ya 25 años, pero si una innovación no se interioriza en menos de una generación (en términos generales) tenemos como resultado que estamos aún de pleno en la velocidad de cambio, así que tenemos tiempo de equivocarnos otras tantas veces. Claro que no todos los errores tienen las mismas consecuencias, pero no siendo clarividente mágico el futuro me parece un tiempo muy largo por construir y temprano para ser deterministas.

Si ayer, por indicar un tiempo del pasado más o menos reciente, se pensaba que el libro electrónico sería una realidad especialmente indicada para el ensayo, el libro de texto y el libro especializado, en realidad ocurrió que se apostó por la narrativa (mira tú, lo más pirateado). Anoto marginalmente que esta misma idea pone de relieve que seguimos sin ver los problemas ligados a la asiduidad lectora y al número real de lectores habituales, pues parece ser que a estos se les puede pedir que solos mantengan en le sector editorial a flote: ¿y si hiciésemos una pausa reflexiva para inquirir sobre el estado de salud de esta franja de lectores? Era una apuesta que se fundamentó en los números de mercado, o sea más al de mayor público lector. Lástima que se tratase de un mercado que sufría superproducción. Esta superproducción, que se compensó con restricción en el número de títulos, era la expresión de secundar el mercado y establecer una competición insensata con otros medios del sector del entretenimiento, banalizando y devaluando, fundamentalmente, el contenido y la lectura, haciendo que esta deviniese algo que no era o no era por completo.

Mirando ahora al futuro se piensa que será justamente el libro de texto, el libro especializado y el ensayo los que impulse al libro electrónico a una nueva fase, mientras la narrativa es hoy un problema (por qué es un problema lo he abordado parcialmente en otras entradas de este blog).

Creo que esto se debe fundamentalmente al hecho que son estos tres nichos fecundos. El primero y el segundo por su consumo obligado, el tercero por ser terreno abonado al gran lector. Ahora bien, creo imprescindible que se considere que la edición de estos libros, y aun del libro en general, está ligada a un bajo rendimiento: en el caso del libro de texto (y no entro ahora en el debate de si pedagógicamente es imprescindible, o en aspectos determinante y conectados como el coste del acceso a ared y a los dispostivos de lectura/uso) por necesidad social; en el caso del ensayo porque el núemro de lectores es significativamente bajo en este país.

Qué panorama

Con este panorama no creo que el libro electrónico no tenga peligro de estancamiento a menos que no se desee que se estanque, sin embargo cuatro son, al menos, las cuestiones que deben resolverse. Alguna de ellas no es exclusiva del libro electrónico. 

  • La creación de lectores
  • El redimensionamiento de la producción editorial
  • La calida del libro eletrónico. Nunca se resolvió la ecuación que implica la conexión calidad/consumo/piratería
  • La reconsideración de la dimensión no-económica del libro

Como colofón dejo aquí una lista de artículos recientes que complementan (por afinidad temática que no necesariamente por defender los mismos puntos de vista que to he expuesto) cuanto escrito:

http://antinomiaslibro.wordpress.com/2014/09/29/pronostico/ de Manuel Gil Espín

http://cambiandodetercio.wordpress.com/2014/09/29/estancamiento-del-libro-electronico/ de J.M. Barandiarán

http://jmalarcon.es/post/It-takes-a-generation.aspx de José Manuel Alarcón

https://storify.com/cuadratin_es/charla-ebookspain-25-09-14?utm_content=storify-pingback&utm_medium=sfy.co-twitter&awesm=sfy.co_rhP8&utm_source=t.co&utm_campaign= resumen de la última conversación de la comunidad #ebookspain gracias al trabajo de Emiliano Molina

Yendo de compras en el sector editorial

Tuiteaba el otro día Manuel Gil Espín que las editoriales chinas están interesadas en hacer compras en España. El mismo autor del tuit se pregunta si está es la solución del sector. Teniendo en cuenta el ritmo de ventas de editoriales a grupos extranjeros, cuesta decir que no. Lo curioso es que eso no es tendencia para los predictores del futuro del sector editorial en España.

Es una tendencia de desmovilización del capital en el campo de la edición; capital financiero (pues, repito un vez más, este es un campo de baja rentabilidad que se pretende mejorar aumentando la rotación a ritmos suicidas, un modelo de negocio igual al bazar de los chinos, si ofender a nadie) y capital humano.

Lo que se derive de esta compra masiva está aún por ver. En otros sectores diríamos que así se diluye y desaparece el saber hacer y los conocimientos implícitos de los editores españoles. No voy a discutir si esto es cierto o falso, creo sin embargo que lo que de hecho comprarán, amén de sellos y el prestigio que detienen estos, y quizá una forma y una idea de edición que ha día de hoy no está dando resultados brillantes.

En cualquier caso, si esta tendencia se afirma se me ocurren algunos interrogantes:

¿Qué saber hacer han traído o traerán, si traen, los adquirentes?

¿Aportarán cambios en la concepción del ebook en español?

¿El mercado español será siempre más un apéndice del mercado internacional?

¿Los autores españoles tendrán aún editoriales que les acojan?

Por último, ¿estas adquisiciones serán exclusivamente de editoriales o veremos también comprar plataformas digitales de venta y plataformas de autopublicación?

Desde luego no tengo la bola de cristal que dé respuestas a todas las preguntas. Tengo, sin embargo, impresiones. Mi impresión es que todo este proceso no aporta ninguna modificación de fondo al modelo existente, acaso acelera y potencia un modelo, que se basa en conocer cómo hacer más presente el libro, aumentando su velocidad de consumo y como reducir sus costes de producción, más que en cómo conocer al lector (es decir dialogar con él) y como dar valor al libro. La edición española va a quedar, pienso, en manos de los editores independientes, incluyendo los que se dedican en exclusiva al #ebook. El reto ahora para estos editores es ir al encuentro del público lector (de los grandes lectores).

Hechos y datos: el mundo editorial se hunde y no vale el sálvese quien pueda.

Voy a ser muy breve y sintético: o como se va todos a una o esto se hunde no existen salidas individuales, para nadie.

Datos
El sector editorial se encoge y el terreno cede bajo sus pies. Las muchas advertencias de personas como Manuel Gil Espin (luego podremos estar o no de acuerdo con sus receta para salir dl impás) , o en el mundo anglosajón, Sam Missingham, que ponían en evidencia como los datos indicaban justamente esta tendencia, han sido ratificados por los datos publicados por la prensa: estamos hoy como en 1994.
En realidad peor.
Peor porque la destrucción del tejido profesional en el mundo editorial es profunda y la inercia empuja a la inmovilidad, aunque parezca paradójico, en el mejor de los casos. Y eso que los datos publicados no son tan malos como se rumorea que son entre las bambalinas profesionales. Peor porque los cambios no se afrontan. Y pienso como J. M. Barandiarán que difícilmente se remontará la situación que describen los datos concentrándose en un aumento del consumo son más.
Hechos
Se discute entre Amazon y Hacchette en un debate que parece puede marcar el futuro del mundo editorial. Y la sensación es que, todo lo más, la cosa toca a Amazon y a los editores. Temo que no es así.
Mientras los autores americanos se pronuncian contra la oferta de Anazon sobre los derechos de autor, que suena casi a corrupción, nuestros autores guardan silencio ( yo al menos no he hallado una declaración sobre la cuestión).
Esto es otra muestra de como editoriales, autores, agentes, bibliotecas, libreros e instituciones del libro reman cada uno por separado en busca de una salvación individual, atendiendo al último segundo para encontrar la jugada mejor. Una ilusión. El barco se hunde más aprisa cuando no se trabaja coordinadamente para salvarlo. A los náufragos, si los habrá, buena suerte.

 

Amazon, ese editor.

Debo reconocer que Amazon tiene un brillante equipo de comunicación o admitir que las restantes plataformas de autopublicación no tienen ni siquiera un equipo.
Digo esto porque en Amazon está jugando fuerte y muy bien sus bazas en el año en que se ha pronostica en aumento de la autopublicación (obviamente cabe pensar que la misma proclamación de este pronóstico no es ajena a Amazon).
Antes de continuar he de declarar que no soy un especialista en Amazon, nunca me interesó mucho lo que Amazon hiciese, ni lo que hace, así que lo que se leerá a continuación son impresiones y deducciones.
No me detengo en los orígenes de Amazon ni en su, en teoría, innovador modelo de negocio. Voy al grano.
Son notables lo esfuerzos que ha realizado esta empresa para atraer a los autores que han decidido autopublicarse. Y un esfuerzo debe obtener necesariamente una recompensa, que en el caso específico que nos ocupa es la obtención de una cuota de mercado lo más amplia posible. Sin ofrecer datos incontrovertibles, mezclando datos totales con otros sin especificar y sin categorizar (se traza una burda identidad entre descarga y venta y entre venta y venta de ebook ) y sin poder comparar la importancia de su impacto con una escala global que no está a disposición, Amazon consigue crear la idea de nos hallamos una magnitud considerable. Lo hace a través de noticias como la que ofrece La Vanguardia, que recoge un despacho de agencia y lo publica sin más (o con tan poco más que no me resulta apreciable). Y hasta aquí el juego de recitación del propio papel.
Lo que se explica peor es porque nos agitamos todos tanto ante un comunicado de prensa tan poco preciso.

Ventas de autores autopublicados
En una entrada del blog The Passive Voice (esta entrada) vemos unos gráficos muy ilustrativos.

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Lo primero que destaco es la ambigua forma de presentación entre Amazon Published y Uncategorized – Author Publisher.

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Apenas un 3% del total publicado y un 9% de las ventas diarias.
El por qué es fácil de entender. Amazon hace ya un tiempo que actúa como editor y nada le impide que sus algoritmos ofrezcan una ventaja a sus propios títulos. En otras palabras, Amazon no vende autopublicados, vende Amazon.
Lanzo una hipótesis: las actuales condiciones de de retribución de los autores autopublicados van a ser modificadas en breve en formas más o menos radicales. Esto por dos motivos: porque la casa que Amazon se lleva a cuestas cuesta siempre más, porque en breve estará en condiciones de imponer nuevas condiciones toda vez que habrá creado vínculos fuertes entre Amazon y los compradores y quien salga del corral verá que vende menos.

 

 

Imaginando las bibliotecas

He sido un asiduo usuario de bibliotecas de todo tipo, así que soy un defensor a ultranza de las bibliotecas, de su importancia e impacto en la vida de una comunidad (la que sea). Jamás he oído ni visto que una biblioteca fuese un agente desvertebrador de una comunidad y si, y en muchas ocasiones, al contrario. Ahora bien, las comunidades cambian y también las bibliotecas.

Digo esto porque un artículo reciente (este, Las bibliotecas se salen del molde ) pone sobre la mesa la idea de la biblioteca para darle una vuelta de tuerca.

Pues bien, me parece significativa la posición de la nueva biblioteca de Boston: de espacio para la consultación de libros a espacio multifuncional en el los libros se usan. O citando directamente el artículo ““que permita el flujo de conocimiento entre el interior y el exterior”, menos piedra y más cristales transparentes, un amplio vestíbulo donde cada cual pueda trabajar con su ordenador, y una atractiva zona para jóvenes llamada “homago” con laboratorio digital, salas de trabajo y reunión, espacios de creación de música, cómics, software… facilitando la creación de información -como dice Joe Murphy.

La biblioteca alcanza el grado de centro de activación cultural, lugar en que puede desarrollarse una parte conspicua de la actividad de (re)creación cultural y su relativo disfrute.

En resumen, y como indicaba recientemente Joaquín Rodríguez (La bibliotecas como redes de conocimiento e invito a leerlo entero), las bibliotecas se reconciben como un espacio abierto vertebrado en tres ejes:

  • para la creación de comunidades activas de usuarios y lectores dentro de las bibliotecas, que cogestionan parte del conocimiento que la biblioteca posee y genera;
  • la concepción de la biblioteca pública como un Agora o un espacio social de desarrollo del conocimiento y de la participación ciudadana;
  • la conceptualización de la biblioteca como un espacio híbrido, flexible y acogedor al servicio de la sociedad, adaptado a los nuevos servicios comunitarios que oferte herramientas y recursos para su empoderamiento y capacitación;

En un contexto futuro como este la biblioteca no puede ser solo un espacio de uso y préstamo de la creación en formato digital, hablemos de libros, de mapas, de programas o de obras híbridas y todo apunta a que la biblioteca del futuro (o del ya presente) lo ha comprendido.

Retorna entonces el recuerdo del debate sobre Ebooks y conocimiento, rompiendo limites y creando posibilidades, que tuvo lugar en la edición de 2010 de Bookcamp BCN y entre cuyos temas se indicaron dos referentes a las bibliotecas

  • existe un derecho universal de acceso al conocimiento y las bibliotecas juegan en ello un papel.

  • la posibilidad de creación de bibliotecas ambulantes desmaterializadas.

Si el primero es el desarrollo que se advierte, el segundo puede hacer de las bibliotecas algo más, metabibliotecas.

Imaginemos un grupo de usuarios usando LibraryBox 2.0 para construir una biblioteca efímera y ambulante con los volúmenes aportados por cada uno de ellos o incluso, si la biblioteca puede o lo desea incluyendo volúmenes de las colecciones de la biblioteca. La misión de espacio de empoderamiento de creación y reuso llegaría a una nueva forma o fase en la cual la biblioteca podría ser integrada por sus usuarios/lectores.

No se me escapa de que hablamos de una frontera en que se ponen en discusión cuestiones como propiedad del libro electrónico, comprensión de los autores de la dimensión social de su obra, desaparición del DRM, gestión de derechos de autor, ruptura de la condición del límite de espacio en favor del límite de uso, valoración de la creación personal y colectiva, circulación de saberes, papel del bibliotecario. Con seguridad se me escapan muchos otros, pero quiero dedicar unas palabras a los bibliotecarios. Si bien no soy un especialista de las bibliotecas (me parece claro) si aprecio los esfuerzos que los bibliotecarios y las redes de bibliotecas están haciendo en este país. La capacidad de modernización de las bibliotecas, que incluso antes que los museos están abriéndose para ser edificios activos y no almacenes pasivos, conoce con estas formas un ulterior desafío. Las competencias del bibliotecario se extenderán aún más en este panorama, ya no será un mero gestor de un repositorio físico o virtual sino un agente social (si no lo era ya). La pregunta es. ¿qué esperan los bibliotecarios de sus usuarios en este nuevo panorama? ¿Qué podemos hacer por las bibliotecas? ¿Cómo colaborar ante este cambio de sistema y misión/visión que se cierne?