Sobre el libro impreso y el ebook


Me enzarzo esta mañana en Tuiter en un amable intercambio de puntos de vista con Jorge Carrión (@jorgecarrion21) y Josep Mengual (negritasycursiv), a quienes saludo cordialmente, a propósito del libro electrónico y de ello surge esta entrada.

El punto de partida para la polémica o cuestión a debate era el libro impreso como objeto que encarna el deseo, mientras el #ebook es solo la idea de deseo, desmaterialización del deseo que en realidad anhela una forma tangible.

En realidad se ha transformado en un debate sobre que podemos definir como libro, partiendo de la idea de que este encierra un texto (poco, mucho, dentro de imágenes). Ahora quisiera resumir el viaje mental en que me ha sumido y que he intentado condensar el los 140 carácteres que permite Tuiter.

El libro impreso es heredero de otras formas anteriores en las que el libro (un concepto que define un conjunto de textos unidos por una categorización predefinida o bien un solo texto de mayor o menor longitud) había cristalizado: las tabletas, los papiros, etc… En nuestra mente y durante casi cinco siglos la forma del libro se ha unido al contenido del libro. Hemos elegido una forma, a la que el contenido se ha adaptado en muchos casos y en otros ha sondado sus límites, de entre las muchas disponibles o posibles y le hemos conferido una serie de atributos supramateriales. Lo curioso del caso es que si preguntamos ¿Usted por qué lee? El objeto en si, el libro impreso, no es la primera ni la segunda, acaso ni la tercera motivación para la lectura. La transmisión de conocimientos, emociones, ideas, van por delante. Mayoritariamente compramos libros para acceder a conocimientos, emociones, ideas, como objeto vector. Luego podemos enamorarnos del objeto en algunos casos, pero sobre todo, creo, transferimos al objeto los atributos supramateriales que distinguen nuestra afición a la lectura. El matrimonio parece perfecto al punto que libro es contenido y continente.

Bien, ahora sin embargo podemos tener acceso a otras formas del libro, formas inmateriales. Los motivos que nos inducían a la lectura no han desaparecido pero el continente ha cambiado sin que desaparezca el libro. Esta inmaterialidad posee además la característica de poder virtualizar el libro en varios modos y la reciente convergencia entre ebook y web lo demuestra. ¿Desnaturaliza el libro? Aunque no me gusta respondo con otra pregunta ¿por qué debiera?

De hecho estas consideraciones a lo largo del debato nos han conducido a la peor de las pesadillas del libro, el vacío, la posibilidad de encontrarnos ante un formato del libro que nos conduzca a un contenido huero. Es, considero, inevitable en cierto modo que la inmaterialidad del ebook lleve al temor del vacío del contenido, un fenómeno por asociación. Si lo que apreciamos en un libro es el contenido la forma pasa a un segundo plano; la obra es una y los formatos varios, como suelo decir.

La dificultad que emerge del debate, pienso interpretar bien, es la definición del contenido. Por que si bien todo estamos intuitivamente de acuerdo con la afirmación “no todo texto o conjunto de textos es un libro”, resulta complicado definir el libro en base al contenido. Habiendo conferido al libro una serie de atributos que en su mayor parte hacen hincapié en la capacidad del texto/contenido de transformarnos en uno u otro grado, y en la medida en que ahora el contenido se desliga de la materialidad y la unidad esto queda inconscientemente subrayado, no hay acuerdo. Quizá no puede haberlo y nunca lo hubo mientras seguimos manejando cierta idea elitista del libro. Un libro puede cumplir muchas funciones según su contenido. Personalmente solo puedo decir que me turba el libro cuyo contenido y objetivo es solo consumir tiempo. Eso sí que no es un libro, considero.

Otra parte de este debate y que originalmente era mi primera reflexión, pertenece, al menos en forma parcial, a otra esfera.

El deseo del objeto, en este caso el libro impreso, como emblema de una época que prefiere poseer cosas a saber cosas, la preferencia material por encima de todo. Si bien no era eso lo que indicaba Jorge Carrión en su tuit, de inmediato mi primer pensamiento ha ido en esa dirección y por tanto no me parecía extraño el rechazo del #ebook. Desear objetos es uno de las impelentes “necesidades” que nuestra sociedad crea y que en el caso de la edición explica también los números de la hiperabundancia de títulos, una parte de ellos vacíos más allá del formato.

Libros, textos, formatos, vacío, objetos y deseo: podrían ser estas las claves del debate sostenido. Que no haya más que conclusiones parciales es normal, todo está en devenir, pero por encima de todo yo me quedo con conocimientos, emociones e ideas.

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3 comentarios en “Sobre el libro impreso y el ebook

  1. Cuando tu deseo es liberar espacio en las estanterías, en la casa, quitar las montañas de libros apilados en el suelo o bajo la cama, entonces el libro electrónico se convierte en alternativa.

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