La gestión de los originales


Un problema recurrente en las editoriales es la gestión de los originales (prefiero no usar el término manuscrito por razones obvias). Las grandes editoriales por lo general no aceptan el envío de originales no solicitados, lo mismo que algunas editoriales medianas. Entre las editoriales medianas existen las que no los aceptan y las que sí y en este caso la gestión de los originales incluye la práctica análoga al silencio administrativo negativo en un lapso de tiempo determinado (tres o seis meses, según), es decir que al no responder no existe interés.

Así pues el problema de la gestión de los originales queda muy circunscrito a aquellas editoriales que desean mantener una contacto muy estrecho con los autores. Y es un problema porque por o general se gestiona mal. Veamos un par ejemplos.

  1. La editorial envía un mensaje de recepción del original y promete responder en unos meses, no pocos porque son una editorial pequeña, escriben, y no pueden responder siempre con la celeridad que desearían. De hecho no responden.

    El problema es que el flujo de trabajo no corresponde con los deseos de la editorial. Las tareas son muchas, el personal poco y la gestión de muchos originales que necesitan valoración genera un cuello de botella que al final se retuerce contra la editorial en la valoración que el autor realiza. Es un problema muy común. Si no podemos gestionar el tiempo y el flujo de trabajo en modo de dar una respuesta cierta en un tiempo límite, porque no es posible solicitar al autor una espera infinita, es mucho mejor optar por la política del silencio administrativo negativo. No es la opción que se ambicionaba ni refleja la voluntad de la editorial de establecer buenas relaciones con todos, pero dejar las relaciones incumplidas, en el aire, resulta peor y con relativa frecuencia afecta también a otros campos relaciones de la editorial.

  2. La editorial envía un mensaje de recepción del original y promete responder pasado un tiempo prudencial, ten paciencia. La editorial responde negativamente, pero en términos vagos e invita a enviar otro originales en el futuro. Si el autor a su vez responde solicitando que motivos han llevado al rechazo y que tipo de obras debería enviar en el futuro para evitar comunes pérdidas de tiempo, el autor choca con un muro de silencio.

    Aquí el problema de la gestión del original en el flujo de trabajo tiene otra vertiente. La valoración del original no incluye la redacción de un informe de tal valoración sobre el que basar respuestas y futuras relaciones. Los motivos son idénticos, casi siempre, a los del caso anterior: las tareas son muchas, el personal poco y la gestión de muchos originales que necesitan valoración genera un cuello de botella.

La ambición de mantener un contacto fluido choca con la realidad de las disponibilidades y con un flujo de trabajo infraestructurado en relación a estas o sobredimensionado en relación a las capacidades efectivas de la editorial: hay que ser realistas.

Podríamos pensar que la solución óptima sería responder en modo personalizado y detallado a cada uno de los autores. Error. Existe la misma proporción de respuestas airadas en el caso de una respuesta genérica que en el de una detallada (pero no solicitada).

Una respuesta genérica es, en mi opinión, la primera respuesta. En la mayor parte de los casos el autor acepta la respuesta genérica sin más, en pocos casos solicitará explicaciones; jamás he entendido bien por qué pues las críticas de un editor podría ser muy útiles para revisar la obra y mejorarla o entender la orientación del mundo editorial en general. Si el autor solicita mayor detalle hay que saber dar un respuesta que incluya las motivaciones basadas en un informe de lectura; cada editorial puede estructurar este informe en el modo que crea oportuno y funcional. Aquí la definición de un flujo de trabajo y gestión de los originales es la clave: si no puede darse no invitemos al autor en algún modo a proseguir el intercambio de correo, es mejor buscar una alternativa elegante y que no consuma energías.

En definitiva, ser realistas en el momento de establecer cual va a ser la gestión de originales recibidos dentro del flujo de trabajo de la editorial es fundamental. Definir el mismo flujo de trabajo, sus pasos, responsables y responsabilidades, las modalidades de comunicación interna y externa, por esenciales que sean, constituye un aspecto esencial de la vida de la editorial y debe atenerse a la disponibilidad real más que a ambiciones de carácter ideal que pueden acabar por retorcerse contra la editorial y en el peor de los casos envenenar nuestro trabajo.

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