Europa, Europa, libro de doble filo


 

Tenía un amigo muy aficionado a la política-ficción que es algo que ni de lejos me apasiona. Sin embargo hoy quisiera jugar un poco a adivina adivinanza a propósito del #ebook y de la posible disolución de la Unión Europea (y si me apuráis incluso de Europa, pero ahí entramos en un debate de veras muy serio).

Hoy como hoy el #ebook en Europa tiene una serie de restricciones activas que van de los distintos tipos de #DRM en uso por parte de los distribuidores y editoriales, a la imposible interoperabilidad de los formatos para llegar al bloqueo por geolocalización; esta ultima restricción siempre me ha parecido particularmente odiosa.

Este último punto ha sido puesto sobre el tapete de las discusiones sobre el #ebook y las políticas editoriales europeas en el pasado reciente. Parecía, y el uso del incondicional aquí es obligatorio, que se tenía la intención de desarrollar o instituir un marco geográfico en el cual las restricciones por geolocalización quedasen inactivas. Tras el anuncio poco o nada se ha sabido de esta iniciativa. De llevarse a cabo sería algo por lo cual felicitarse, si bien otras iniciativas restrictivas no van en la misma dirección.

La situación política general no da muchas esperanzas, por contra. Admitiendo que la iniciativa prosperase y fuese ejecutada, las amenazas de salida de la Unión Europea por parte del Reino Unido, de llevarse finalmente a cabo, o las amenazas de expulsión de esta organización dirigidas a otros países, si se transformasen en actos ejecutivos, acabarían con ella. Desde luego no sería la única. Por ejemplo, dejaría en un sueño la armonización europea del IVA aplicado al libro electrónico. Y hablo solo del libros.

Ahora imaginemos que la Unión Europea, a pesar de todo proceso centrifugo, se mantuviese como tal y se aprobase la desaparición de la restricción por geolocalización. En ese caso si aprobase el TTPI tal y como parece estar redactado, sé tanto como cualquiera de vosotros, muy poco por tanto, quizá se estaría abriendo el cofre de Pandora. Imaginemos a Amazon o Apple abriendo una sucursal europea en la cual verter la totalidad de títulos americanos y del resto del mundo. En inglés decís. Si claro, al menos al inicio. Y no porque una parte de los títulos de Amazon EE.UU están en castellano. Imaginemos que ambos actores pusiesen en marcha un programa de traducción del catálogo, inicialmente para autopublicados. ¿Os imagináis el impacto?

Todo esto es solo política-ficción, evidentemente, pero quisiera que sirviese para señalar que pasar por alto lo que ocurre en toda América o en Europa no puede conducir al éxito. Es necesario que los editores de todo tamaño y tipo hoy piensen en múltiples dimensiones, incluyendo la geografía entre ellas, pero sin olvidar las lenguas, los formatos, los derechos.

 

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