¡A por el contrato!: cuestión global o silencio local


La noticia del sector editorial de la semana para mi, en una primera semana del año que en todo ha sido avara menos en noticias, ha sido la nueva ofensiva “global” por el contrato de edición por parte de los autores.

Autores americanos e ingleses reclaman un nuevo contrato de edición y ha llamado a la causa a los escritores del orbe (aquí un útil resumen), que aún se lo están pensando; ninguna de las asociaciones de escritores establecida en España ha dedicado una sola línea en estos días, aunque, eso si, muchas parecen más muertas que vivas.

A bote pronto no deja de ser interesante que apenas el mundo anglofono se mueve la cuestión es global y no internacional: toda una forma mentis a mi juicio. En la forma en que se ha suscitado la cuestión sin embargo, sí es global porque la cuestión de los derechos de autor se concibe hoy en modo global, si bien estoy convencido que existen muchas articulaciones contractuales flexibles a condición de querer confrontarse y hallar soluciones.

El perno de la reivindicación es el porcentaje retributivo, en especial modo llama la atención el punto dedicado a la venta del #ebook: “Authors should get at least 50% of net ebook income, not a mere 25%.” (Authors Guild).

Señalo que esto no es solo una reivindicación puntual y a corto plazo, es un indicador de cuanto se considere estratégico el formato electrónico en el devenir de la edición en un mercado que ya ha demostrado ser abierto a nuevas formas.

Ciertamente es una reivindicación que refleja como han cambiado las tornas en el sector, como quien ahora siente tener el dominio de la situación es el autor cuando otrora era el editor. A mi juicio no lo tiene efectivamente, pero no siempre lo objetivo prepondera.

Temo que esta reivindicación parte de una situación muy distinta a la nuestra, sea por la dimensión media de una casa editorial, sea por la distinta configuración de los canales de venta y distribución, sea las condiciones en que se fija el precio.

En las condiciones actuales de aquí aplicar esta reivindicación hunde cualquier intento de una pequeña editorial (independiente): la distribución de porcentajes con un precio bajo por ejemplar y un número de ventas aún bajo hacen inviable e insostenible el reparto reivindicado. Grosso modo con el esquema actual un #ebook con un precio neto (sin aplicar el iva) de 6 euros, 3 van al distribuidor, 1,5 al autor y 1,5 al editor, que se hace cargo de todos los gastos vivos (seguridad social, sueldos, alquileres, promoción, etc). Actuando así se favorece la concentración editorial, la preminencia de los distribuidores y de las plataformas de autopublicación (indiscriminantes sí, pero también indiscriminidas).

Es obvio que la caída de los ingresos de los autores es la preocupación que genera esta propuesta, pero se puede por menos observar que también ha habido una caída para los editores. Querer comparar los pequeños autores y si fuerte caída con los gerandes editores y sus números millonarios no es leal. Comparar dimensiones iguales dará una imagen más real, pero no menos dramática.

Una solución posible que tengo a bien proponer, sabiendo que no se hará ni caso, es la de establecer un porcentaje mínimo y estudiar después un sistema progresivo o dinámico según la cifra de ventas: por ejemplo partir del 25% para ir subiendo el porcentaje según sean las ventas hasta el techo que las partes pacten, introduciendo, por ejemplo, porcentajes distintos según la venta provenga de distribuidores o de venta directa.

Lo que está en juego no es solo la remuneración digna de los autores sino por un lado la supervivencia de un tejido de editoriales pequeñas y dinámicas, más atrevidas y arriesgadas y por otro la realización de libros electrónicos bien hechos que puedan atraer lectores: hundiéndose las pequeñas editoriales que brindan atención a este formato se hunde en este panorama el formato mismo. Y no veo como esto puede beneficiar a los autores. Deseo interpretar el silencio de nuestras asociaciones de escritores como el que habla de un proceso de reflexión antes de pronunciarse. De otro modo lo interpreto como otro señal de dejadez en relación del formato electrónico, que solo merece ser mencionado cuando es útil a señalar pérdidas reales o presuntas, pero no futuros.

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