5 años después: los inexistentes derechos del lector de libros digitales


Han pasado ya 5 años de cuando se discutía sobre los derechos del lector de libros digitales. La discusión llevó a un dodecálogo de derechos. A día de hoy, ¿cómo se ha respetado e implementado ese dodecálogo? ¿Podemos afirmar que ha sido un documento inspirador para el sector editorial, fabricantes de dispositivos de lectura incluidos?

Repasemos el documento (aparecido el 30 de mayo de 2010 en Dosdoce).

  1. Las plataformas de acceso y venta de eBooks no deben comerciar con el historial de compra de los lectores sin su consentimiento previo.

    La evolución normativa y las sucesivas leyes de protección de datos ofrecen hoy el marco jurídico para estas prácticas, así que ya tienen defensa. También abusos. Si la situación es o no satisfactoria me parece difícil de establecer, porque en la mayor parte de los casos las definición del uso de los datos personales no se consulta por parte del cliente o bien está disponible solo tras la firma de la aceptación o bien incluso aparece en modo tan parcial, fragmentada y confusa que el cliente jamás tiene una idea clara. Me parece significativo que fuese este el punto de partida del documento, reflejo fiel de la consciencia de la importancia del uso de los datos personales en un entorno digital.

  1. Aquellas plataformas que quieran reutilizar con fines comerciales el historial de compra de los lectores para mejorar sus sistemas de recomendación de libros o generar ingresos publicitarios relacionados con las compras realizadas deberán comunicar previamente a los lectores qué tipo de información guardan en sus plataformas, por cuánto tiempo y para qué fines comerciales.

    Idem como el punto anterior.

  2. El lector de libros digitales podrá acceder a esta información personal en cualquier momento y borrar su historial en caso de considerarlo oportuno.

    Idem como el punto anterior.

  1. Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberán garantizar que los eBooks adquiridos son propiedad de aquellas personas que los han comprado. Tras la polémica decisión de Amazon de entrar en la cuenta de sus usuarios y eliminar los ejemplares digitales vendidos del libro

    de George Orwell 1984 por discrepancias con su proveedor, se justifica que exijamos que las plataformas de comercialización de eBooks se comprometan a respetar nuestros derechos como consumidores. Ninguna plataforma o librería virtual debería ser capaz de eliminar de mi cuenta un libro ya adquirido o limitar el acceso al mismo sin mi consentimiento expreso.

    Resulta evidente la dificultad de este punto.

    En primer lugar porque No solo porque el marco legal define el libro electrónico como servicio, sino porque esta práctica pondría fin a los cotos verticales exclusivos y excluyentes en los que se han convertido numerosos distribuidores que actúan como proveedores de contenidos, sistemas de almacenamiento con las propias claves de restricción de usos (DRM y otras lindezas) y dispositivo lector. El sueño del jardín vertical, del lector cautivo y la falta de una definición legal de este aspecto hacen en conjunto que la única forma de realizar este punto sea la compra directa al editor, especialmente si no implementa mecanismos restrictivos.

  2. En caso de alquiler, pago por lectura o subscripción de cualquier contenido digital, el usuario debería tener una opción a compra perpetua.

    Me arriesgo a errar, pero no conozco ninguna plataforma de este tipo de servicio que dé esta opción.

  1. Al igual que en el mundo analógico podemos prestar un libro comprado a un amigo, en el mundo digital deberíamos preservar el derecho a realizar préstamos de libros en cualquier formato y sin coste adicional.

    Actualmente esta posibilidad queda, en términos generales, como una reivindicación jamás oída.

  2. Se nos debe garantizar la posibilidad de leer cualquier libro de nuestra

    biblioteca en la nube o plataforma en cualquier dispositivo, sin restricciones ni limitaciones por sistemas, derechos, fronteras, etc., y siempre de una forma amable y legible.

    Mientras se debate la creación de un espacio único europea las restricciones geográficas y de interoperabilidad (por citar las mencionadas) siguen en pie, vigentes y activas. Los derechos del lector no coinciden con las expectativas del sector editorial,

  3. Las plataformas de acceso y venta de eBooks deberían permitir que las

    personas que deseen hacer sus compras en un entorno plenamente

    privado puedan hacerlo sin que sus datos de compra sean

    almacenados en ningún momento ni comercializados a terceros.

    Ampliación de los tres primeros puntos. No obstante el marco legal la tentación de Big Data y Data Mining corrompe cualquier idea que nos hagamos a cerca de nuestros datos como compradores aun cuando no son indispensables.

  4. Los compradores de libros digitales podrán eliminar su historial de compra o alquiler, así como destruir los propios libros adquiridos, en cualquier momento y de forma definitiva sin dejar rastro alguno de su previa existencia en ninguna memoria virtual.

    De vuelta al marco legal. Acciones fraudulentas sobre estos puntos no están, por regla general, eliminadas. Lo que es más grave es que están asimismo más allá de la capacidad del comprador medio de verificar su cumplimiento.

  5. Los lectores podrán regalar o revender cualquier libro adquirido que ya no se quiera mantener en su biblioteca digital.

    Subpunto ampliativo del carácter del punto número 8. Como el precedente, inaplicado e inaudito.

  6. Los lectores podrán subrayar, marcar y hacer anotaciones de forma anónima en sus libros adquiridos. Aquellos lectores que quieran compartir con otros lectores sus anotaciones personales deberán poder hacerlo, pero si en cualquier momento cambian de opinión también podrán retirar las aportaciones prestadas.

    Una gran idea, que de hecho supone interoperabilidad, estándares, formatos, sistemas compatibles, derechos de cancelación. Podríamos incluso incluir la cuestión de la propiedad intelectual de los comentarios. Todo en saco roto. Es incluso difícil transportar los comentarios de un dispositivo a otro de un libro de nuestra propiedad.

  7. Al igual que podemos mantener nuestro número de teléfono móvil si nos cambiamos de operador, las plataformas deberán garantizar la portabilidad de los datos de los usuarios. Si por cualquier motivo un lector abandona una plataforma deberá poder transportar los libros adquiridos, notas e historial de compra a la nueva plataforma de forma fácil y eficiente.

    Más de lo mismo.Misma solución. Es decir, nada.

Conclusiones

Las conclusiones de este rápido repaso son desalentadoras.

En primer lugar, el sector editorial ha hecho caso omiso de este dodecálogo. Nada o casi de cuanto se expone, reivindica en él se ha llevado a la practica. Nadie en el sector editorial (y con sector editorial doy la definición más amplia, que va del editor y la editorial a los fabricantes de dispositivos lectores, pasando por programadores, autopublicadores y distribuidores) ha pensado que el lector no tiene más derecho que el de comprar libros, eso sí, el que guste de entre los propuestos, faltaría más.

Salta a la vista que en el momento de la redacción de este documento, la preocupación por el tratamiento de los datos personales estaba muy viva y se avanzan de consecuencia peticiones muy concretas que aseguran el control de los datos por parte del lector. Al sector editorial el lector importa, al parecer, menos del cliente. Y sobre todo menos de los datos del cliente. La eclosión de Big Data ha seducido a tal punto que cualquier derecho ha quedado supeditado a la realización de un beneficio potencial, como en cualquier industria: lástima que el comportamiento como industria se limite a sus aspectos menos edificantes. Interoperabilidad, estándares abiertos, compatibilidad de sistemas, portabilidad de datos, control, todos los aspectos en los cuales una industria respetuosa del lector podría haber realizado una inversión e incardinado políticas de edición, creación y distribución, han quedado arrinconadas e inefectivas, demostrando, de facto, que la industria editorial no existe.

Personalmente hallo reiterativo este dodecálogo. Reiterativo e incompleto. No existe un punto en el cual el lector exprese su derecho a leer y poseer libros publicados con estándares de calidad, que justifiquen el precio que se solicita por ellos. Hecho en falta referencias a las bibliotecas y al derecho de hallar en ellas los libros electrónicos favoritos.

Resulta sin embargo imprescindible, para que un decálogo (o dodecálogo) más completo de este tipo pueda construirse y llegar a ser efectivo, que el sector entero se implique, que los lectores, que no deseen ser colo clientes, exijan su cumplimiento.

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