Una brevísima reseña a propósito de “El libro como sistema: hacia un nuevo concepto de libro.”


Reflexiono brevemente sobre el libro (el libro electrónico) a raíz de la salida de Alonso-Arévalo, J. and J. A. Cordón-García. “El libro como sistema: hacia un nuevo concepto de libro.” Cuadernos de documentación multimedia vol. 26. (2015) (accédase desde aquí). 23 páginas interesantes.

Lejos de mi entrar en una discusión docta sobre aspectos de calado sin tener a mis espaldas un estudio de investigación serio. Sin embargo me quedan algunas cuestiones en el aire tras la lectura del trabajo. Vaya pues por delante que lo que siguen otra cosa no son sino mis personales opiniones.

Una primera cuestión que evidencio es que la edición electrónica lleve directamente a un incremento del número de lectores: ninguna conexión directa parece avalar esta tesis sino un gran optimismo (“de ahí que no resulte baladí la hipótesis de si la reducción de los costes de producción, imputable al entorno digital, implicará una ampliación del número de lectores.” p. 27). Cuando algunas líneas más tarde leo “Muchas formas de ebooks son relativamente baratas de producir, ya que no requieren de una gran infraestructura de producción y edición.” empiezo a tener claro que existe una gran desinformación y que la visión optimista de antes no obedecía a un cálculo que incluyese le web sino y solo el optimismo radical tecnológico. ¿Cómo es posible que se piense que la edición no tiene coste a no ser que no se sepa que es la edición de libro? Podré coincidir conque sea menor (con un adecuado flujo de trabajo), pero no que este sea inexistente a menos que la edición sea inexistente.

No mejora la situación que se proceda a cierta confusión más tarde (pocas líneas y sin punto y parte, por ejemplo) se declara “Son muchas las empresas y sistemas que favorecen la autopublicación,…” coincido, hacen posible la (auto)publicación, no la edición. Reitero la necesidad e esclarecer los términos y usar una terminología correcta (que para empezar nos ayudará a entender de qué hablamos), clara y distinta.

Muy interesante es la reflexión bajo el epígrafe “Las nuevas características de los libros”. Creo sin embargo que la identidad e las editoriales digitales, las que ofrecen libros electrónicos editados, se crea partiendo de la inclusión de muchos de los elementos que el párrafo menciona, haciéndolos usables, conformando una identidad que pasa a basarse en el contenido y en su edición, además del uso de la coherencia-cohesión temática y formal de la edición en la constitución de colecciones, que por muy intangibles que sean se identifican en los nuevos conceptos que expresan en si.

Insostenible el párrafo titulado “La disrupción”

Asumir que analógico es privativo y digital social es definitivamente erróneo. De la creación literaria del Renacimiento a experimentos de creación conjunta, de liberación de contenidos o de socialización de los mismos hay abundante bibliografía, pero bastaría pensar en las experiencias realizadas en primera persona para comprobar que no es así. Se podrá rebatir diciendo que se trata de algo marginal, pero no que no es posible: “…lo social, lo abierto y el remezcla, valores que estaban ausentes en el contexto analógico.” Es cierto que estos “valores” pueden ejercerse en el ámbito digital, pero no son necesariamente mayoritarios. En cualquier caso parece no tenerse en cuenta las múltiples restricciones al uso y acceso a los contenidos así como las legislaciones restrictivas (que han fomentado la creación de licencias de explotación alternativas, aplicables también a contextos analógicos). Me resulta asimismo curioso que después se aborden los modelos de negocio como si estos fuesen una expresión de la creatividad. Sobre todo porque cuando se ha mencionado el ecosistema del libro (en la introducción) estos modelos estaban ausentes y temo que hubiese ya modelos de negocio en los remotos tiempos de Gutenberg.

Menos de acuerdo me encuentro poco más adelante cuando la reimaginación tecnológica tiende a excluir al lector del control del contenido pues accede a él a través de programas o apps; programas propietarios por lo general, que excluyen al lector a menos que no tenga habilidades de programación; cualquier otro caso es, sin más, las opciones que el programador ha habilitado para el lector y por lo tanto, consciente o inconscientemente, más limitadas y limitadoras que las que el lector podría imaginar por su parte.

Desintermediación”, qué mito

El mito más resistente es el de la desintermediación, que precisamente cultivan los nuevos intermediarios.

Cualquier examen somero de la realidad confirma que las plataformas de intermediación crecen y que el autor que autopublica lejos de estas lucha en condiciones que son otras respecto a las que se suelen publicitar.

La edición electrónica no ha producido ninguna desintermediación, lo que ha hecho, en el caso de la autopublicación, es trasladar los papeles del editor al autor, pero conservando una dinámica de acceso al mercado o a los lectores diferente (nuevos son los sujetos, no siempre) pero idéntica a la anterior (sustancialmente iguales son los mecanismos). Que el autor asuma ahora los papeles del editor y que siga precisando del editor (aunque por lo general ignora esta figura), no le libera de encontrar nuevos sujetos que realicen parte del trabajo (de la reseña de la prensa al youtuber: un nuevo salto que refleja sin embargo el mismo concepto de base, que una auctoritas, cuyo reconocimiento se asentará sobre bases otras o nuevas, sancione que su libro es X; bueno, malo, excelente, divertido,imprescindible, una obra maestra, etc…). No podrá ignorar que deberá entonces gestionar el ISNB. No podrá ignorar que no podrá comercializar sin un distribuidor a la plataforma de autopublicación. El salto no puedo esconder que el mecanismo permanece casi inmutado aunque sujetos actuantes y modalidades sean distintas.

La socialización

Que para defender el concepto se cite a Borges, que no conoció el fenómeno digital, revela buena parte de la vacuidad del concepto que se quiere expresar con “lectura social”. Me hallo en desacuerdo completo. En primer lugar porque la virtualización de la lectura se realiza en al lectura misma y cualquier discusión en un foro, físico o virtual, entre lectores normales no se hará con el libro presente (y entre lectores doctos tampoco, porque entonces, por regla general, se saben el libro del que hablan al dedillo)

Conclusiones.

A pesar de todo esta es una lectura estimulante.

No puedo decir que no se estén escribiendo libros electrónicos que suponen un nuevo modo de leerlo, ni tan siquiera que que la normal lectura de hoy no implique un modo diverso de leer. Estoy sin embargo en desacuerdo a que esto ocurra siempre para todo lector, que los escritores hayan comprendido las posibilidades y que el mercado acoja de inmediato estas novedades.

Lamento no haber hallado en el texto una sola referencia a las limitaciones que el hardware impone hoy a la edición del libro electrónico así como referencias a estándares de publicación: estos puntos presentan notables carencias. Creo también que se sobrevalora la capacidad el auto autopublicador se comprender, actuar y controla su obra así como en general la tendencia a lo colaborativo y social, que el mercado combate con toda la fuerza que le es posible ejercer.

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