Miscelánea solsticial


Como de vez en cuando ocurre, se me acumulan los temas sobre la mesa. Temas que no siempre son nuevos.

Caen los ingresos de los autores

Han caído los ingresos de la mayor parte de la población, resultaría extraño que los ingresos de los autores, que se apoyan en una pequeña parte de la población pudieran sostenerse o crecer. Los autores caen donde caen los demás. Caen también libreros, autores, tipógrafos, correctores, traductores, etc…

Temo, además, que sigue vigente el sueño postbélico del autor que vive de escribir. ¿Cuándo todos los escritores han vivido de escribir? Nunca. Vivir de la palabra es en verdad complicado.

Infinita discusión infinita sobre el ebook o libro electrónico vs libro impreso

Por increíble que pueda parecer este debate no se cierra ni cicatriza. Abierto sempiternamente. Tengo la impresión que su misión es la de válvula de escape: cuando necesitamos resoplar sacamos el tema. Por ejemplo, se venden muchas tabletas pero se venden pocos #ebooks; ¿quién dijo que se comprasen para leer? ¿Relacionamos el número de estanterías con el número de libros vendidos en las librerías? Demos espacio al desahogo a pesar de todo.

Más interesante me parece preocuparse por la capilaridad de la difusión del libro, en cualquier formato, en nutrir las bibliotecas, en fomentar bibliotecas informales, en fin, en hacer posible que se lea, en crecer lectores. Porque algo como esto (con la debida distancia de quien no se fía en exceso de casi ningún dato “oficial”) es preocupante en grado sumo.

Datos

Y si, claro, la cuestión de la manipulación de los logaritmos en los ordenadores de bordo de Volkswagen tiene su reflejo en el cualquier esfera de actividad humana. En definitiva el engaño nos hace desconfiados. La opacidad de las fuentes, la opacidad en la construcción de los datos, no pueden darnos otra posibilidad. Así que cuando Amazon difunde datos sobre la caída de ventas desde que las editoriales han decidido los precios a los que vender en Amazon, suenan campanillas a mi alrededor. Sin entrar en la disquisición de quien tiene derecho a poner el precio de los que produce. Posibilidades: es cierto, pero ¿se gana más o menos? Por otro lado, ¿puedo fiarme del logaritmo amazoniano que regula la exposición de los títulos?

Desde luego no voy a realizar una oda a la inocencia de las editoriales, pero dudo mucho de que siempre sean malas. Resultaría muy cómodo y desconfío de la excesiva comodidad de un enemigo único.

Editorial o editorial digital

Me he hallado esta semana inmerso en un debate con este lema. Lo principal, para mi, ha sido ver como existe una visión que identifica “editorial digital” con #ebook.

Desde luego no me hallo en absoluto de acuerdo, así que próximamente realizaré una pequeña encuesta sobre el tema. Espero que participéis.

Última nota dolorosa

He aquí los que se percibe como la calidad del libro electrónico:

“con la edición ligada al balance comercial con márgenes reducidos hay calidad reducida. Con márgenes aún más reducidos, una calidad aún peor. Es una espiral sin fin hasta que no toca fondo.”

Es la traducción de una intervención en un foro en italiano. Vuelvo a decir que la calidad no es negociable en la edición, en cualquier formato.

Nos metemos en el otoño.

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