Edición y lectura: una identidad falsa.


Lo que sigue son apuntes sin sistematización y parciales  sobre la identidad lectura-edición. No se tomen por otra cosa.

Datos igual a realidad, es ya una identidad que algunos no discuten. Para mi datos siguen siendo una descripción parcial de una realidad codificada.

Por ejemplo, crece el número de librerías cerradas, por tanto se pone de manifiesto la crisis de la lectura.

Por ejemplo, la apertura de nuevas librerías pone de manifiesto el renacido vigor del libro impreso.

Pues ni lo uno ni lo otro.

¿Qué deberíamos deducir de un número mayor de distribuidores, o menor, o del impacto de la venta directa?

La verdad es que la realidad del mundo de la edición y el mundo de la lectura no coinciden, por mucho que se hagan esfuerzos para crear esta identidad, y muy probablemente nunca han coincidido plenamente. La verdad es que nos movemos entre hipótesis mejor o peor fundamentadas sobre la dimensión de la edición y de la lectura.

La realidad nos brinda N datos cuya lectura precisa de una interpretación. La línea interpretativa, el sesgo que le demos, ideológico, resulta determinante. En este sentido la acumulación de datos resulta inútil y lo que es más inquietante es que con frecuencia deriva en una falta de libertad de acción y decisión.

Volvamos a la lectura.

Estamos inundados de contenidos. Tiene razón M. Gil cuando dice que vivimos en la edad de oro de la lectura. Puede decirse que lo es técnicamente, que menguan en vez los contenidos de calidad, pero temo que eso es en el fondo, de nuevo, confundir lectura con edición.

Creo, por contra, que no se han creado lectores, esfuerzo en el que han confluido autores, editores, profesores, libreros, padres, hijos y en definitiva todos. Sobre todo no se hemos creado lectores críticos. En este punto, entonces, el soporte es lo de menos. No hay lector fuerte. Queda la evanescencia del mercado, de hay la locura por los datos. Digo locura porque sin el armazón previo de cómo vamos a leerlos y que vamos a ver, que imagen va a resultar, los datos son inútiles. Y después, con armazón, son las piedras sobre las que queremos apoyar una visión pre-constituida.

Sobrevaloramos los datos. Infravaloramos la visión del mundo en la que se apoyan para su interpretación. Olvidamos la necesidad de crecer lectores o personas (que son lo mismo).

Y la edición.

Así cualquier tiempo pasado fue mejor, cuando creíamos vivir en un mundo simple, por lo general en comparación con el mundo de hoy que es complejo y la edición y la lectura nos parecían la misma cosa y era solo que la segunda no nos parecía tener una dimensión suficiente para preocuparnos. La edición se autoengaña como cualquier otro sector, solo que a veces parece que se engaña más y mejor.

¿Qué conclusión podemos obtener?

Varias.

La fundamental, me parece, es que mientras sigamos haciendo silogismos facilones no vamos a darnos paz, ni vamos a tener razón.

Otra es que las posibilidades son muchas. Algunas visiones en la edición, con fuertes apoyos institucionales, con visos de ser hegemónicas. Otras no, pero no por ello van a desaparecer y al contrario van a ocupar los muchos rincones que la edición y la lectura tienen.

La lectura crítica podrías ser, un día, de nuevo, patrimonio de pocos y habríamos perdido mucho y francamente me preocupa más el reflejo de una lectura empobrecida sobre la edición (con el riesgo de un bucle perverso que tienda a perpetuar este estado), que una edición sin grandes nombres pero con muchos lectores (críticos).

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Un comentario en “Edición y lectura: una identidad falsa.

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