De la política a la edición: notas comunes y sugestiones


Durante estas vacaciones he tenido tiempo de leer algunas cosas interesantes. Entre estas está el informe titulado “Ya nada será lo mismo. Los efectos del cambio tecnológico en la política, los partidos y el activismo juvenil ”, editado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud (disponible aquí, por ejemplo). El tema del informe es jóvenes y política, pero he notado algunas cuestiones que me parece, acertando o no, pueden trasponerse a otros ámbitos, como por el ejemplo el mundillo editorial, en función de su carácter general, de actitud y por su calado conceptual.

Si algo determina fundamentalmente la actitud de los jóvenes hacia la política es la funcionalidad de esta: qué funciona de hecho y no se cuestiona (ni a si misma ni con carácter general).

De este modo se valora la transparencia de la gestión y se cuestionan las estructuras de mediación. ¿Hablamos un poco de la imagen de las editoriales como agentes mediadores? ¿Hablamos del cuestionamiento de los jóvenes editores hacia el gremio? ¿Podemos trazar un cuadro sobre la estima de las distribuidoras y en general del acceso a los libros? Consideremos que por contra la notable aceptación de estructuras colaborativas para la solución de los problemas y podremos entrever la consideración positiva que tienen las bibliotecas como espacios abiertos y alternativos al margen de las instituciones; tanto menos “institucional” será la actitud de la biblioteca tanto mayor su éxito comunitario, parece sugerir esta ecuación, pues redistribuyen socialmente espacio y literatura. Pregunta: ¿Cuándo las bibliotecas presentan un perfil potencialmente atractivo, las editoriales acompañan a las bibliotecas con políticas más abiertas? Pienso al caso el ebook en particular. Tengamos en cuenta que hoy por hoy la constitución de bibliotecas al margen de las instituciones es una realidad (que con frecuencia se saluda solo por parte de las editoriales micro e independientes y aún en ocasiones como simple medida publicitaria). Hay mucho que repensar aquí.

Abundo en que hay mucho que repensar si al anterior punto sumamos estas otras características de los jóvenes frente a la política (o en este caso frente al mundo editorial):

  • radicalidad democrática
  • colaboración
  • conectividad
  • presión e implementación
  • glocalización

¿cómo se coloca el sector editorial frente a estas posiciones más allá de acciones comerciales? Están hablando de ética, no solo de servicios.

La tecnología es cotidiana para todos, lo jóvenes sin embargo tienen un concepto distinto de su aplicación. Mientras las instituciones las usan para hacer lo mismo de antes en modo más eficiente, se esperan de estas que las usen para organizarse de otro modo, para actuar de otro modo. El sector editorial vive idéntica confusión a las instituciones políticas del país: hacemos lo mismo, pero con mayor eficiencia, ni siquiera mejor. Sobre todo no usamos las tecnologías para acercarnos a ninguno de los cinco puntos anteriores. No entendemos y no usamos la tecnología en el modo que se espera de nosotros y así cavamos un surco más profundo. Donde se piensa recoger beneficios de un mercado mejor arado y roturado, más intensivamente explotado hallaremos solo malas hierbas, cosechas más pobres (en cantidad y calidad).

Cierro con una afirmación final. Lo jóvenes no se acercan a las instituciones ni participan de la vida política institucional, pero si hacen política: ¿en que medida estos jóvenes si leen pero no nos leen? La cuestión de fondo es que no coinciden los temas de la política tradicional con los suyos y por ello desconfían y muestran un profundo desinterés partidaria. Mutatis mutandis sospecho que el mundo editorial ni comprende ni sabe cuales son los intereses de futuros y presentes lectores más allá de los sondeos de mercado, que lógicamente ignoran y son ignorados por esta porción de ciudadanos.

Si esta situación es en la que se va a desarrollar no una sino varias generaciones creo poder afirmar que en poco tiempo el sector editorial vivirá de canibalizarse, sin haber creado, ni creído ni apostado por nuevos lectores: la ley de Liebig no miente nunca.

PS: como siempre, pero lo repito, estas son opiniones y lecturas personales.

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