La extraordinaria importancia de hacer cosas inútiles


Siendo yo un filólogo son una infinidad las ocasiones en que he oído hablar de estudios inútiles, de prácticas inútiles y de ideas inútiles. Yo mismo he picado y he caído en el topicazo en alguna ocasión. Una de ellas fue hacia el mitad de mi doctorado cuando el profesor Paolo Sacchi me preguntó que iba a hacer después. Entonces respondí que considerando la inutilidad de mis estudios lo que saliera al paso, actitud que me reprochó duramente ilustrando cuanto en vez eran importantes y trascendentes.

Digo todo esto porque últimamente, quizá a causa del calor, he oído varias veces una visión pesimista sobre de los cambios que pueden producirse, mejor dicho, introducirse, en el sector editorial. Una lamento que suena “que inútil tanto esfuerzo”. Me inclino a pensar que no es un derrotismo facilón: sus raíces excavan en el terreno siempre fértil de la inercia, la inacción, la espera del milagro, la desidia y la pereza y en menor medida en el clientelismo del sector editorial. Un pesimismo que se nutre de razón bien informada. Parece entonces que todo esfuerzo pues, todo cambio de mentalidad, de ideas, de rutinas de trabajo, de ética personal o profesional, es baladí, destinado a perecer o simplemente a no medrar. La presión que ejerce sobre cada uno la idea de que hay una sola salida y un solo modo es tal que en ocasiones se cede, un solo segundo, un momento. Lo importante es que el rechazo a esa idea de un único modo de hacer las cosas,. se une la convicción de la importancia de hacer cosas inútiles es algo siempre más frecuente en ciertos círculos de la edición en España y no únicamente.

Creo, con cierta dosis de cauto optimismo, que aunque el mensaje de ética (en un sentido que para mi es completo, de lo laboral a lo social, a lo personal) y trabajo en la edición no cala entre los grandes grupos (en mi opinión porque es imposible que lo haga), si lo hace entre pequeños editores e incluso medios. Creo que las luchas, los estudios, las prácticas, los modos de entender la complejidad de las relaciones y de las interacciones que sostenemos al editar no son inútiles. Lo contrario.

La realización concreta de todo esto tiene en nuestro caso la forma concreta del libro.

En fin. Creo que perorar estas causas (los estándares de edición digital, la dimensión social del libro, de su propiedad y de su transmisibilidad, de crear vínculos no solo comerciales, la posibilidad de integrar gracias al libro electrónico en el mundo de lectores quien hasta ahora tenía dificultad para hacerlo, de integrar en el libro otras formas de literatura), es una forma de entender la sociedad en que vivimos y en que queremos vivir, una visión de la vida que tiene como ambición ser cuanto más completa posible.

Nada de esto es inútil, aunque no sea evidente de forma inmediata. Esto es el sustrato de una idea de sociedad, quizá, espero, tendrá un reflejo en libro. Yo por si acaso, y no estoy solo, no me rindo y rememoró las palabras de Sacchi.

Y con esto me despido, de quien con paciencia me lee, hasta el próximo septiembre. Buenas vacaciones.

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