Peretz y Zara, o el hilo rojo de tres noticias


Tres cosas, tres noticias distintas se han sumado en mi cabeza como parte de un puzzle a propósito de la edición, los editores, los lectores y los libreros.

Voy por partes. La primera ha sido la discusión en torno a la autopublicación como desafío para los editores (véase aquí un resumen de tal discusión). No voy a entrar en la discusión, que por otro lado es bastante interesante, sino que desearía subrayar dos elementos mencionados en el artículo: la importancia de los metadatos y por tanto del flujo de trabajo (y aquí temo que los auopublicados juegan con desventaja porque los metadatos con frecuencia los decide la plataforma en la que se apoyan, así que sea por lo que sea que autopublican la mayor autonomía queda descartada); el segundo es que se necesitan más datos para obtener una imagen clara (los mismos tertulianos debatidores apuntaban en esta dirección). No deja de ser curioso que en el tiempo de Big Data, de la exigencia de transparencia (aquí no hay empresa que no se llene la boca con esta palabra), de hecho vivamos en la más completa opacidad. Esto puede deberse a dos cosas: los datos que se tienen, quien los tenga, no son completos o no se saben interpretar o incluso se interpretan desde un punto de vista que supone una toma de posición anticipada y por tanto un lectura ex ante; o bien teniendo en cuenta que los datos son el nuevo petróleo, no se sueltan ni en broma. Personalmente me inclino por la suma de ambas a lo que sumo la continua vulneración de la intimidad (y el regulador mira a otro lado o bien no sabiendo los datos de los que efectivamente disponen las empresas, o no pudiendo demostrarlo, que es lo mismo o peor, no hay pena ni castigo).

Conclusión es que la unión autor-editorial está muy maltrecha, que las editoriales no saben como rehacer su trabajo (como flujo, como negocio y como, en última instancia, propuesta de una visión del mundo a través de su catálogo; ¿la poca importancia del catálogo para el lector tendrá que ver con la desestruturación que hemos sufrido en el plano conceptual, con la destrucción de toda posibilidad de creación de horizontes alternativos? Me lo pregunto aunque no tengo aún una respuesta que me satisfaga), lo que les lleva a asumir el papel de plataforma de autopublicación.

La segunda cuestión era la decisión de los libreros italianos de no vender el libro del capitán de navío de la nave Concordia, naufragada con buen número de víctimas (aquí la noticia sobre Livorno, aunque en toda Lombardía tampoco puede hallarse). Bien, la polémica es si vulnera la libertad de expresión, la libertad de defensa (aunque el capitán ya ha sido condenado, se atiende el resultado del recurso interpuesto) o la libertad de conciencia. De retruque pone sobre el tapete una cuestión más delicada: ¿qué papel debe jugar un editor? ¿debe ser filtro? ¿debe mantener una actitud ética? ¿la cuenta de resultados es la única referencia válida? No se juzgue con ligereza. En el fondo Graus Editore no mantiene una línea muy distinta a otras editoriales, aunque sin duda con menor buen gusto a juzgar por el catálogo. La cuestión de fondo es la oscilación entre la visión que indicaba antes (propuesta de una visión del mundo a través de su catálogo) o la visión como negocio más allá de otra consideración. Arte difícil este de ser editor de una editorial.

La tercera es menos una noticia y más una historia. Me contactó un escritor para que le asesorase, así entendí en primera instancia, sobre su libro. Al indicarle que primero había de leerlo y luego le daría mi opinión sobre los cambios que hubieren de hacerse si era menester y después corregir el texto y pulirlo de errores. la respuesta fue: el texto es perfecto así. Su idea era que los editores de medio mundo se darían de tortas para publicar la obra porque él, el autor, estaba convencido de que su libro salvaría a la humanidad. Lo sorprendente es que esta es una actitud muy extendida, que con frecuencia lleva al autor a la autopublicación. Al margen de este nivel de autosuficiencia, lo importante es que la autopublicación apareja con frecuencia al carro para ir directamente al peligro de la publicación sin edición: a mi juicio un editor debería sacar ventaja de esto.

Si no estaba claro el hilo de conductor de todo esto es el mismo, qué ética debe exhibir un editor, qué compromiso con su trabajo y con el lector, amén del autor, qué espera hacer de/con su trabajo y quizá el concepto puede abarcar el secvtor editorial por entero. La cuestión es importante y debe responderse mucho antes de empezar a publicar y mucho antes de empezar a preocuparse con el balance de la empresa. Y luego, imaginación, que al parecer es algo en desuso.

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