El estado del sector editorial


Parece que para algunos lo del “sector editorial en crisis” es como “el teatro en crisis”, una constante y por lo tanto no merece prestarle excesiva atención. Ya saldrá de la crisis o no saldrá o nunca ha estado. En definitiva es lo mismo. Yo soy de los que creen que el sector editorial no está en crisis, está comatoso.

Me permito decir esto a la luz de las siguientes consideraciones en relación a un sector que pretende ser industria:

  • no es capaz de definir un formato estándar para el libro electrónico, dejando que esta decisión la tomen otros sujetos. Es difícil imaginar una “industria” que decida no decidir sobre el futuro de su desarrollo, sobre que base desarrollará sus presentes y futuras formas y tecnologías; ¿podemos imaginar a la industria del automóvil dejando en manos de los constructores de neumáticos o de las gasolineras decidir sobre la base de desarrollo de los coches? Personalmente no. Este parece ser el caso del sector editorial
  • buena parte de los costes de edición derivan de la distribución. Esto se debe fundamentalmente a que las editoriales han dejado de invertir en desarrollo y tecnología, dejando que esto lo hiciesen fuentes externas, que son las que ahora imponen sus condiciones.
  • En muchos casos no poseen personal competente y no invierten en formación, resultado de la política de externalización iniciada en los años ochenta. La consecuencia es por un lado la precarización del personal y por otro la pérdida de competencias internas sobre las cuales desarrollar nuevos formatos, nuevas metodologías, nuevas formas. El desastroso resultado final es que las editoriales pierden iniciativa, capacidad de innovar y autonomía.Es comprensible pues que en ámbito digital el desapego por el producto, el desprecio por la obra sean una constante porque no existe posibilidad de realizar un trabajo digno sin tener los conocimientos ni los instrumentos para ello.

Si a estas características, bien conocidas, sumamos la tendencia a equiparar el libro con instrumento de entretenimiento o diversión (el entretenimiento de la lectura es una consecuencia posible, no constante, también hay espacio al sufrimiento u otras formas de interacción) o esa otra tendencia que existe de perseguir al lector ocasional en vez de cultivar un amplio número de lectores (o lo que es lo mismo, cultivar el sueño del best-seller y no del long-seller, quizá no interpreto bien las palabras de Carlos Revés en este artículo), entonces el resultado es el que es: lastimoso.

Ulterior consecuencia de estas líneas es que hoy es corriente ver a editoriales ofrecer servicios y a los gabinetes de servicios editoriales presentarse como tales.

Se argumentará que los costes de la propuesta que se lee entrelíneas son inasumibles; de hecho son inasumibles por la erosión que han sufrido en su capital a través de las externalizaciones de décadas. Pues bien, consórciense editores y no solo porque puede ayudar a reducir costes sino porque ayuda a encontrar soluciones comunes, aprender y colaborar. Pongan a trabajar su imaginación, acepten riesgos, piensen en medio y no en corto plazo, aúnen fuerzas, consideren ganar menos para ganar más tiempo.

Mientras tanto el sector es eso, una sector comatoso, nada de industria porque como tal no se comporta sino, a caso, para pedir subvenciones.

Anuncios

Un comentario en “El estado del sector editorial

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s