2020: horizontes inútiles


2020 será el año en que el #ebook de el gran salto en América latina. Un fecha más en los hitos del libro electrónico. ¿Qué pasará si no se cumple? Nada.

Entonces, ¿qué función tienen estos anuncios y a que se deben?

Lo que sigue es, como siempre, pero dejo de advertirlo por si acaso, mi opinión personal.

Al parecer es necesario crear un clima de competición entre los diferentes formatos del libro en razón de una naturaleza diferente. Es notable el interés por hacer coincidir el libro digital con la ciberutopía y el libro impreso con la realidad tangible; la verdad es que en algunos casos parecer que asistamos a un encuentro en la distancia entre ciberutopistas optimistas y reticentes ácidos.

Si observamos los términos usados para este encuentro (que a veces más parece un desencuentro) entre los formatos del libro estos se centran en:

  • superación
  • explosión
  • dominio
  • crecimiento

Los dos primeros parecen aplicarse solo al libro electrónico. Los dos últimos a ambos formatos.

Obviamente las respuestas se centran en:

  • desaparición
  • dominio real
  • fracaso

En concreto este último adjetivo se airea al repasar todas las proyecciones fallidas de superación del libro electrónico sobre el libro impreso. Es natural que consecuentemente se deduzca que el #ebook ha fracasado.

¿En qué ha fracasado el libro electrónico?

Evidentemente no ha desaparecido (y no tiene visos de hacerlo) y es el único formato del libro que crece realmente en volumen de ventas: dejemos apara otro rato el debate si se gana menos o más con el #ebook y por qué.

El libro electrónico no ha fracasado en sí. Han fracasado todos los intentos de colocar fechas a un curva de “crecimiento de un producto” y en focalizar este crecimiento como un choque con otros formatos. La imposibilidad de establecer esa fecha se vio desde muy al principio pero no por eso se ha cejado en el empeño; acogido con favor, por otro lado, por quienes han creído en serio que en este choque entre formatos y lo han visto y vivido como un choque de civilizaciones: vivimos demasiado imbuidos en una atmósfera apocalíptica sin advertir que la Apocalipsis real es que en término absolutos estamos perdiendo lectores, en cualquier formato. Por otro lado me pregunto si en efecto el libro electrónico es percibido por los lectores como un producto distinto del libro y que consecuencias tiene esto.

Fracasado el intento de establecer una jerarquía, esto refleja el término dominio, con un horizonte preestablecido cualquier acusación parece válida, cualquier razonamiento sostiene la implícita superioridad del libro impreso. Y aquí, en la respuesta al fracaso de la profecía, está el germen de una situación potencialmente infinita o al menos hasta que el libro electrónico supere al libro impreso.

Pregunta: ¿superará el libro electrónico al impreso porque el primero supere los índices de ventas del segundo o porque las ventas del segundo caigan tanto que el primero vencerá por abandono? Es una pregunta malvada sin duda. Además, sin datos realmente ciertos, todas estas cábalas son solo un juego de prestigio al que se prestan los productores de dispositivos lectores, los ciberutopistas, los reticentes y no sé quien más, porque otro aspecto interesante de esta polémica inútil sería saber o establecer quien fomenta una polémica como esta, tan sin salida y con que objeto final.

¿Realmente el libro electrónico no ha fracasado?

Considero que no. Otra cosa es que haya triunfado. No lo ha hecho porque hasta el momento y en general los principales interesados en el desarrollo de un sector editorial, los editores, no le han prestado ninguna atención y desde luego poco han participado en su desarrollo y en su calidad.

Me parece sin embargo que el término triunfo desvía la atención y supone una idea que no corresponde. Lo que debería preocuparnos es como editar libros electrónicos que adhieran cuanto más mejor al mayor nivel de calidad posible en un contexto de edición profesional y en hacer esto evidente en la lectura del libro mismo. Lo que ha fracasado no es el libro electrónico sino nuestra actitud como editores, en primer lugar, en relación con él y el libro impreso no vence una guerra inexistente, no hay vítores que entonar.

Lo que propongo es que nos olvidemos de colocar fechas a eventos que no tienen sin interés y que nos distraen de dos urgencias y necesidades:

  1. crear lectores
  2. abordar la edición en forma rigurosa, profesional y eticamente responsable.

Del fracaso, del éxito y del dominio de un formato ocupémonos otro día, cuando no tengamos nada que hacer.

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