Pesimismos y optimismos a cerca del libro electrónico


En las últimas semanas, pero podría decir también en los últimos años, he podido comprobar la existencia de un movimientos pendular en referencia al libro electrónico o #ebook (y recuerdo que con este término me refiero siempre a la forma del contenido y no al instrumento para la lectura).

En mi opinión la incertidumbre de las formas en que cristalizará el cambio del sector editorial, provoca una alternancia, de la exaltación a la depauperación del #ebook: en ocasiones resulta tener un futuro brillante y un presente deslumbrante, en otras ocasiones tiene un presente herrumbroso y un futuro oscuro (cuando hay futuro). Quisiéramos todos tener una imagen clara del futuro para poder obrar de consecuencia minimizando nuestros errores. Una idea que por otro lado es más un proyección mental que un hecho: del mismo presente no tenemos una imagen clara. Ayuda, sin duda, a crear esta situación la opacidad de los datos, su parcialidad y una lectura tendenciosa que busca afirmar o negar el cuadro general; nada que pueda asombrar pues esta parece ser una práctica general del país en cualquier sector.

Yo me muevo en favor del #ebook con cauto optimismo, lo cual significa que no me escondo las dificultades.

Tengo para mi que una parte de esos datos, sin embargo, quedan escondidos. Son los datos que no hablan de una red de muchas pequeñas y pequeñísimas editoriales (en comparación los miembros de Contrabandos pudieran parecer grandes) fuertemente connotadas, que en el tiempo han creado redes reales y virtuales con lectores, centros, librerías y autores y que en parte, no todas ellas, realizan su labor editorial digitalmente. Son editoriales “de nicho” ignoradas.

Y al margen de datos hay también una tendencia creciente entre las editoriales digitales en preocuparse por otros aspectos como la calidad, la fijación de estándares, las posibilidades de uso intensivo del ebook, un interés por definir no solo el #ebook sino los campos adyacentes, en definitiva por redesignar la labor editorial en óptica digital.

Quizá no es suficiente para afirmar que el futuro del libro electrónico y del sector editorial está a salvo, basta no obstante para afirmar que no es tan negro como cabría pensar, especialmente si lo colocamos en una perspectiva distinta a la actual, más cercana a los dos ejes que constituyen, a mi juicio, el debate actual sobre el mundo presente: libertad y sostenibilidad.

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