Congresos sin congresistas


La convocatoria del 2º Congreso del Libro Electrónico ha dejado el patio revuelto. Y decepcionado también.

La cuestión tiene un demérito especial si se considera que la primera edición levantó cierto interés, en algunos incluso entusiasmo, y que llovieron críticas constructivas, apuntes y sugerencias. Todas ellas desoídas a juzgar por el programa de la edición de 2014. Lejos de afrontar temas que quedaron suspendidos y otros que se han ido apuntando a lo largo del año, el congreso tiene el aspecto de una vitrina institucionalizada, expositor de grandes firmas. La reacción ha sido inmediata. Los pequeños editores electrónicos seguirán ausentes, los protagonistas de la pasada edición se desdicen y no irán.

Un congreso sin congresistas, ¿a que sirve? ¿Por qué se evitan los debates o por qué estos se institucionalizan?

Un alternativa parece difícil. Los costes son elevados si se desea tener ponentes de nivel, los talleres, con la proliferación desmedida a la que han estado sujetos, carecen de prestigio y poder de convocatoria. ¿Hay que conformarse con iniciativas como Kosmopolis?

Creo que una alternativa sí es posible, pero bajo ciertas condiciones. Ahí van algunas sugerencias (que son solo eso):

  • que recoja temas de interés sobre, maquetación, diversidad del libro, código abierto, gestión de metadatos
  • que amplie debate sobre modos y modelos de colaboración que incluyan, por ejemplo circuitos de venta directos y combinados entre digital y papel; implementación, innovación y generación de código para el ebook; estándares compartidos
  • que puedan realizarse en círculos de dimensiones modestas, replicables
  • que pongan a disposición las conclusiones de cada sede y discusión en un repositorio público y abierto
  • que puede conocer en futuro un acto conclusivo que genere a su vez nuevas conclusiones diponibles a todos.
  • que incentiven el debate sobre el papel de los nuevos editores (quizá haya que debatir también quienes son) en la sociedad que se está delineando y cual debe ser su contribución al desarrollo común.

Los objetivos son: ser ágiles, económicos en la realización, abiertos e infinitos. Si no se puede competir contra el incremento de costes y la institucionalización, si no podemos confiar en que los grandes grupos de la industria editorial amplien sus miras, entonces debemos recurrir al ingenio y al impulso de los pequeños. Lo que no podemos permitirnos, creo yo, es congresos sin congresistas.

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2 comentarios en “Congresos sin congresistas

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