Sobre “espotifai” como modelo para la lectura


El mundo de la edición vive, como cualquier otro, oleadas de temas recurrentes. Uno de estos es la suscripción a plataformas de lectura de libros electrónicos: las resabidas espotifais de los libros. En orden cronológico la última aparición en este campo es Kindel Unlitimed. Nada nuevo bajo es so, advierto. Y es que Amazon no es un lugar de innovación pero sí de intensificación y sofisticación. De todas maneras el tema no es la novedad de la casa de Seattle, sino el modelo de mismo “espotifai del libro”.

En mi opinión este “modelo” encierra varios elementos críticos peligrosos, un modelo con el cual no estoy de acuerdo.

En primer lugar veo una serie de motivos que con el paso del tiempo siguen sin encontrar respuestas satisfactorias. El coste de tales servicio solo resulta conveniente a los grandes lectores: por debajo de 16 libros/año no es conveniente. Para el lector medio u ocasional no es conveniente. ¿Puede sostenerse un servicio así sobre un número que es bajo, sobre todo en nuestro país? No lo sé, tengo mis dudas. Y si no es sostenible y se mantiene, ¿a costo de qué? ¿en que modo los lectores están pagando ese servicio y en ese caso son conscientes de estar haciéndolo?

¿Qué ocurre si cesa la actividad la plataforma?

¿Qué ocurre si cesan los acuerdos con los editores cuyos libros he leído o deseo releer?

¿Y en el caso de las notas? Esto es especialmente incumbente en el caso de las plataformas de lectura en streaming en ámbito educativo, pero es es un tema en que ahora no deseo entrar en profundidad.

En realidad estos son factores contingentes de la crítica: las formas tangibles de una idea que comparto. Mi oposición es mucho más radical.

En realidad todo lo que ofrece un servicio de suscripción de lectura en la nube, un espotifai, puede ofrecerlo un biblioteca o un red informal de lectores o una red de bibliotecas móviles variables. La diferencia esencial entre un servicio de suscripción y una biblioteca es que se enfrentan un modelo de consumo con uno de disponibilidad social de contenidos. En síntesis lo que se produce, poniendo el acento en el consumo, es una ulterior erosión del valor del libro como vehículo social de conocimiento, participación, crecimiento cultural, elementos todos ellos que pueden desligarse del consumo toutcourt.

¿Es inevitable? Algunos editores están respondiendo afirmativamente: es inevitable. La verdad es que no lo es, es evitable. El modelo de suscripción de contenidos digitales es la salida más fácil: si no lo vendes, alquílalo. Libros, casa, coches, lo que sea. No se trata de innovación. El modelo de suscripción no supone poner el tela de juicio el modelo actual, no significa modificarlo ni revolucionarlo, significa mantenerlo con vida, una transfusión, un mal menor. Este modelo no supone una autocrítica ni una salida. Este modelo pone de manifiesto como los editores han presentan su renuncia definitiva a ser elemento de innovación, de crítica, de posicionamiento ante y en el mundo, de pensamiento. Es una renuncia a la libertad de ser un motor para ser un adminículo. Ya lo dicho antes, es un modelo con el cual no estoy de acuerdo.

PS: esta es mi ´ultima entrada del verano, creo. Voy a tomarme un tiempo para reflexionar sobre libros, edición y, porque no, sobre mi mismo rumbo personal. A todos, mi deseo de un buen verano.

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3 comentarios en “Sobre “espotifai” como modelo para la lectura

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