La abdicación del rey: el final formal de un momento.


 

Hoy pensaba dedicar unas líneas a la fusión Balcells -Wiley, pero la abdicación del rey me empuja a hablar hoy más de ciudadano que como editor.

Ahí van algunos razonamientos.

Con la abdicación del rey hoy se ha terminado la transición. Hay y ha habido muchas señales de que el modelos sobre el que se basó la reconquista o readquisición de la democracia se había agotado. Y es que de 1973 las cosas han cambiado mucho.

Entre ellos cito los siguientes:

  • La necesidad de realizar un juicio a los crímenes y criminales franquistas. Esto sellaba el fin del pacto “pelillos a la mar” que substanciaba la impunidad y sancionaba el logro, sobre todo, de Fraga con el cambio impunidad-democracia. Ni era un modelo local ni era nuevo. Desde la II Guerra Mundial se ha practicado por doquier. Antes también, pero entonces no había que discutirlo ni que esconderlo. Se ha abierto la via la idea de que ciertos crímenes no pueden quedar sin castigo, que no hay prescripción que valga. Y este país así lo ha entendido y defendido en varias ocasiones. Lo que se preguntan ahora los ciudadanos es por qué en casa esto no vale, por qué no podemos juzgar nuestra propia historia.
  • El cuadro territorial-constitucional se ha puesto en entredicho en varias ocasiones en la última década. Que se esté o no de acuerdo con las tesis de quienes solicitan mayor autonomía o independencia o al contrario es poco relevante (de hecho en este no se discute sobre los argumentos esgrimidos para apoyar una opción u otra). La cuestión de fondo es que un grupo de ciudadanos no siente pertenencia al modelos territorial-constitucional vigente y propone otro. Si alguien no quiere quedarse en casa es justo que decida si quiere irse. Claro que si no se va la cuestión tampoco queda zanjada sino que deja abierta una discusión que solo puede decirse muerta cuando nadie rechace el modelo vigente (ahora o entonces).
  • La monarquía. Tal y como se planteó la monarquía servía de fiel de la balanza. Mi impresión es que ese papel de fiel de la balanza lo ha quebrado la misma monarquía. Y si ese ya no es su papel, ¿qué sentido tiene? Mi opinión es que lícitamente se está abriendo una discusión sobre la vigencia de la monarquía y que está discusión se cerrará mal y en falso, como las restantes dos.

En definitiva, con estas tres preguntas en el aire los que de hecho está ocurriendo es que nos estamos preguntando si este es el país que queremos.

Se ha abierto una gran oportunidad incluso desde el punto de vista formal.

Lo que suceda desde ahora nos dará la idea e imagen de quien está dispuesto (y cómo está dispuesto con cuanta honestidad) a entablar el debate y quien no.

 

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