El principio de incertidumbre del ebook


En física cuántica existe el principio de incertidumbre (o la relación de indeterminación de Heisenberg). Este principio o relación dice, más o menos, que resulta imposible determinar al mismo tiempo posición y velocidad de un partícula. Al perecer algo semejante le ocurre al mundo editorial respecto al #ebook. O parece que sabemos donde está (o donde no está) o a que velocidad viaja (o no).

En pocas semanas aparecen noticias del crecimiento del ebook en UK y USA o bien de su estancamiento, o bien de la caída del libro impreso, o de su recuperación en las librerías, del auge y/o la caída del ebook; quien sabe por qué, aún, cuando se habla de ebook debe aparecer a su lado y contraposición el libro impreso.
En cualquier caso y tras casi un lustro de debate sobre el #ebook, el mundillo editorial sigue impreparado sobre la cuestión. No se trata ya de falta de datos (o del ansia bulímica por los datos) sino de no saber qué hacer del libro electrónico y aun de no saber cómo hacer el libro electrónico. Parece que estamos donde estábamos o a poco distancia del punto de origen y no porque no se haya hecho trecho sino porque se ha impuesto una absurda ruta en espiral.
No hemos avanzado mucho si los grandes grupos editorial como Planeta mantienen aún un rumbo errático (El insuficiente paso de Planeta creando click ediciones, Javi de Rios) o si un hombre pausado como Valentín Pérez de Minotauro Digital se deja ir diciendo tuiter (@minotaurodigita) “Cuanto antes quienes están en el sector editorial aprendan cómo se hacen los ebooks, antes podremos avanzar en la edición digital.”
Y no solo el libro electrónico, también la tecnología a su alrededor parece haber entrado en letargo si ePUB3 sigue siendo un problema en muchos e-lectores a casi 3 años de su implementación. Por no hablar de las voces que hablan de estancamiento en el desarrollo de tecnologías del e-lector (software, firmware y hardware, para que no falte nada): pregunta ¿es posible que la limitación de tipografías usables en estos aparatos este limitada por las licencias de uso de estas tipografías? ¿no existen alternativas? ¿no pueden imaginarlas?
Todo bien condimentado de vaticinios cataclísmicos que solo indican que la brujula no sirve ya o se ha perdido.

¿A dónde nos lleva todo esto? ¿Por qué?
Quizá sería mejor decir adónde no nos lleva. Las limitaciones de uso de los e-lectores, que lleva directamente a su ineficiencia, la indecisión de los grandes grupos editoriales sobre qué hacer con el libro electrónico (más allá de pruebas de laboratorio), las formas de control por parte de buen número de distribuidoras, están dejando en manos de las pequeñas editoriales la iniciativa. Parecería buena cosa si no fuera porque no a fin de cuentas no lo es. Y no lo es no porque estas no hagan esfuerzos dignos de nota, sino porque su capacidad de trascender está limitada por el impacto mediático que pueden obtener. Y no solo. Con una capacidad financiera limitada, sin financiación continua real, sin un cuadro de perspectivas sólido (aquí la incertidumbre de la actuación del gobierno como regulador y catalizador de esas perspectiva es nulo cuando no netamente perjudicial), la indiscutible incapacidad de crear formas comunes de gestión, debate y acción por parte de las pequeñas editoriales, hacen que esta vía, la de dejar el desarrollo del libro electrónico en sus manos, sea una via muerta o de escaso recorrido. Como decir que todo están listos para cuando el libro electrónico haga su peculiar bum, siempre y cuando sean otros los que hayan hecho los correspondientes experimentos. Y esto no lleva directamente a una situación de bloque o casi.

Ante una crisis que no se está gestionando sino para incrementar las diferencias en peor, la apuesta es nadar y guardar la ropa.
Nada de esto, sin embargo, responde a un diseño consciente y colectivo por parte de las grandes editoriales: no soy capaz de atribuirles tanto mérito y consciencia. Es más bien el resultado de una política de espera, errática, de la cual los medios de comunicación se hacen eco, en forma acrítica por lo general.

Salir de esta situación no puede esperar a la salida de la crisis, si es que hay salido o si se entiende que la salida de esta crisis es una vuelta a la situación anterior.

Salir de esta situación requiere de hecho iniciar un recorrido paralelo fuera de lo que hoy está aceptado y es común. No sé cual, pero intuyo que es un camino de un futuro diferente. Y si no hay más remecido esperemos que las pequeñas editoriales tracen la ruta en favor de los lectores, que lo hagan a despecho de productores de e-lectores, que se contaminen con programadores, que investiguen formas, que se tenga menos miedo a no hacer, que se olvide que la medida la obsesión de la medición, que vender no es todo o en todo caso no es todo lo que debe preocuparnos sobre todo a medio y largo plazo (o podríamos dedicarnos a editar, publicar y vender solo lo que sepamos que íbamos a vender; en ese caso apuntemos activamente a la cocina o la pornografía). Lo que está por venir no está decidido. Lo que al parecer el mundo editorial, colectivamente, está decidiendo muy activamente es no ir y eso es lo peor.

Dejo una lista de enlaces para que cada cual se haga una idea de la disparidad el debate:

 

 

 

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8 comentarios en “El principio de incertidumbre del ebook

  1. Excelente artículo (como siempre).

    Pienso que, aunque el desarrollo de cuestiones técnicas necesita de la contribución de los distribuidores y grandes grupos tecnológicos (y, si no, véase el nulo caso que Google presta a su servicio Play Books en cuanto a compatibilidad con formatos, etc.), no es menos cierto que las editoriales deberían ser la punta de lanza en estas cuestiones.

    La idea sería alcanzar un estándar de calidad, que pudiese situarnos en una situación en la que un libro electrónico no tuviese que estar sometido a dictados de compatibilidad, rechazo o error por parte de distintas plataformas y/o soportes.

    Supongo, no obstante, que esto pasa por que las editoriales comprendan que la edición digital es única, no un derivado o subproducto; y que le dediquen los recursos necesarios para lograr un grado de excelencia que, obviamente, hoy día no se está dando.

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    • Muchas gracias por el cumplido.
      Estoy parcialmente de acuerdo. Parcialmente porque por desgracia no es solo cuestión de las editoriales, si bien estas pueden hacer gran presión sobre los fabricantes de e-lectores, que no están al paso de las exigencias y necesidades del lector ni de la potencialidad del formato. De todas las editoriales si pueden hacer mucho iniciando por comprender que el libro electrónico tiene su propia naturaleza.

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  2. Estupendo artículo, Aharon, justamente esta mañana estaba reflexionando sobre este tema después de leer el enésimo titular contradictorio sobre las cifras de los ebooks. Y muy de acuerdo también con Emiliano, es necesario que apostemos definitivamente por la calidad del formato para que sea entendido como libro por sí mismo.

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