Mi visión del editor.


El auge de la autopublicación es una de las predicciones estrella de este año y por tanto parece normal que se le dedique una espacio proporcional a la importancia de deberá tener (escribo en futuro porque seguimos hablando de predicciones y no porque la autopublicación no sea ya una realidad). De hecho ya he dedicado un artículo a dar un parecer general y no exhaustivo sobre la autopublicación. De lo que me gustaría hablar hoy es del editor y de las editoriales y de que considero que estos y estas hacen y las plataformas de autopublicación en vez no.

Si bien está bastante extendida la idea de que un editor es alguien que gana dinero y bebe martinis mientras habla mal de todo el mundo menos de si mismo. Ojalá fuese cierto.

En realidad la labor de un editor es menos glamurosa y rentable (la última parte va según talante y allá cada cual).

En realidad el trabajo del editor tiene varios aspectos.

Uno está caracterizado por el flujo de trabajo: recepción (o búsqueda) del original/lectura/aceptación o rechazo/propuesta de trabajo/edición/publicación. Por vacuo que parezca es aquí donde se da forma a un original que antes de esto no es un libro.

Y además tiene una segunda fase: la de la reflexión y las propuestas de nuevas líneas editoriales o nuevas colecciones. Esto significa que la labor de ideación en continua y descentralizada y debe buena parte de su ser a las constantes lecturas y a los encuentros personales.

Otro aspecto esta caracterizado por la idea de la editorial, es decir por las decisiones previas sobre que tipo de libro se desea publicar y cuales no.

Y el último aspecto es como publicarlos y como relacionarse con el mundo circunstante, en que visión del mundo se sitúa la propia labor editorial.

Es por ello que las preguntas con la cuales Manuel Gil cerraba recientemente un artículo en su blog representan la diferencia radical entre una plataforma de autopublicación y una editorial: ¿es razonable reducir la labor del editor tradicional a formar catálogo y sacar buenos libros? ¿No hay que abordar también la responsabilidad política, social, cultural y de compromiso con su tiempo del editor?

Mi visión de editor es la siguiente.

Un editor constituye con su editorial no solo un catálogo de obras sino una visión del mundo que incluyen su comprensión y su desarrollo. Resulta pues que el catálogo para un pequeño editor (como nunca he sido editor de una editorial grande me limito a hablar de lo que sé) no es un unidad de medida del peso de la editorial, ni tampoco un elenco índice de obras comerciables. Cierto, habrá obras más comerciales que otras pero el catálogo será el reflejo de una idea de fondo, de los problemas o visiones de los que el editor desea que su editorial hable. Visto de este modo parece ser que la respuesta a la pregunta de Manuel Gil es sí. Pero no. No porque la segunda pregunta nos coloca justamente ante la posición moral y ciudadana que el editor puede aceptar o rechazar tomar. En otras palabras, el editor podrá decidir componer un catálogo de obras comerciales, editar solo libros de vampiros, editar cualquier libro (vaya, las plataformas de autopublicación) o podrá hacer de la realización de ese catálogo una señal de compromiso con el mundo. Desde luego no diré que este es un compromiso que todo editor acepta, digo que es un parámetro que hay que tener en cuenta cuando hablamos de editores y editoriales y que, además es un parámetro que jamás adoptará una plataforma de autopublicación; escudarse en que esta es una opción del autor es una respuesta de mal pagador. Por su naturaleza las plataformas de autopublicación son una forma liberista de empresa en la que lo primordial es el compromiso con el beneficio y no con la literatura, ni con la cultura, ni con los autores (porque el objetivo número uno para su funcionamiento es alcanzar un catálogo de gran volumen para hacer efectiva la viabilidad de la misma).

Estoy convencido de que un editor de una pequeña editorial puede perseguir muchos objetivos pero yo apunto algunos que me parece responden (no en modo exhaustivo, claro) a las preguntas de Manuel Gil:

 

  • un editor debe crear un catálogo que proponga nuevas formas y nuevos contenidos sin perder de vista el primer punto;
  • un editor debe crear un catálogo que sea compatible con la dimensión finita del mundo y no un catálogo infinito que sea compatible con la idea (imposible) de servir a todo el mundo;
  • un editor debe crear formas de edición que hagan compatibles distribución, impacto ecológico, costes de producción y gestión;
  • un editor debe crear formas de cogestión empresarial con otros editores para alcanzar algunos o todos los aspectos implicados en el punto precedente;
  • un editor debe buscar el modo de establecer un diálogo entre lectores y escritores, ya sea mediado o directo que será multiforme pues el libro será multiforme como la sociedad es multiforme y elige el modo de participar, el canal y el momento en que establecer la comunicación (aviso que no tiene porque ser sincrónica);
  • un editor debe establecerse como mediador y su editorial debe ser un referente, sin que haya en ello voluntad de unicidad sino vocación de emitir un mensaje no banal y no ambigua: en una editorial se reconocen su editor, sus autores y sus lectores;
  • un editor debe tomar partido. 

Así pues no creo que el editor vaya a desaparecer muy rapidamente a menos de renunciara hacer su trabajo, que no está hecho solo de selección de obras y edición del texto. Quien decida quedarse es esto siempre podrá poner en orden los originales de los autores que se autopubliquen pero entonces quizá haya que desempolvar la distinción entre editor y publicador que en su día hizo Jaume Balmes.

 

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7 comentarios en “Mi visión del editor.

  1. Coincido contigo en que el editor no desaparecerá; es más, con la tracalada ingente de contenidos lo que a priori se vio como una amenaza puede devenir en beneficio, con una cierta reconversión de la profesión/oficio..
    Coincido en la función social y cultural de una editorial, pero también insisto es que es una empresa y, por tanto, debe ser rentable y hay que encontrar un modo de que sea sostenible económica y financieramente.
    Lo que aportan las empresas de autopublicación, básicamente y desde mi punto de vista, son servicios editoriales y, algunas, un espacio de comercialización; labor del oficio de editor no hay y criterio editorial X -el que sea- tampoco.
    En un artículo de mi blog hice una aproximación a este tema aunque desde el punto de las editoriales y no del editor.

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    • Antes de nada te agradezco la lectura y el comentario.
      Tus palabras son muy parecidas a las mías. No creo que el editor desaparezca, Tampoco que lo vayan a hacer las editoriales, al menos no las que no se pongan como objetivo último el beneficio. Lo he dicho y lo repito, este va a ser un negocio fragmentado y de (feliz) supervivencia.

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  2. No, no creo que la figura del editor vaya a desaparecer. Como apunta Mariana, el boom de la autopublicación va a ayudar a la profesión a augmentar su prestigio. Qué va a querer un lector real (de esos que leen libros todo el año, no sólo por Sant Jordi o el Best Seller de turno), ¿un ePub mal editado, con faltas de ortografía y de horrorosa maquetación, o un producto cultural, no sólo bien hecho, sino que a su vez respaldado por un profesional?
    Creo que la respuesta es clara.
    Así mismo, tampoco creo que la autopublicación vaya a desaparecer. Pero no lo veo mal, estamos en un mundo que cambia muy rápido, en el que todos quieren un minuto de glória, y en el que el #DIY está al alza. No hay nada malo en ello.
    Eso sí, existe una diferencia clara entre productos que todo lector podrá percibir.

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    • Tampoco yo creo que vaya a desaparecer ni que la autopublicación vaya a hacerlo. Qué camino tomará cada cual es la cuestión. Yo en estos artículos voy dando mi visión de las cosas, apuntando aquí ya ideas, pero estamos de acuerdo: editores habrá.

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  3. Me parece interesante el post. Lo he leído con atención y sí, el editor por ahora, por lo menos en el mundo hispano, no va a desparecer, ni tampoco las editoriales que creo que no hacen muy bien su trabajo y que además de haber levantado un muro de contención contra los autores, han fomentado la cultura de la queja haciendo que sean menos eficientes como empresas. La industria no hace más que quejarse, qué si son muchos manuscritos, que no se vende nada, que lo digital acabará con todo, que las campañas de marketing son muy caras, en fin…

    Así que los autores, sobre todo los desconocidos, han preferido probar suerte directamente con los lectores y aunque, no todo es color de rosa, algunos se han hecho de un público, que es decir, un mercado, no con poco sacrificio y esfuerzo para que los lobos (editoriales y agentes) vayan a por ellos. Los casos y ejemplos sobran. Me parece que la editoriales no han sabido estar a la altura de estos tiempos y muchos editores aparte de hacer el clásico trabajo, en que los encasillan, por extrañas visiones cósmicas se han puesto a hacer el trabajo de los publicistas que tampoco se enteran que el mundo ha cambiado. En otro tiempo, y no es nostalgia, entre autores y editores había un matrimonio, una relación coach-atleta y entre ambos abrían nuevos horizontes, planteaban dudas y estimulaban la reinvención de las editoriales.

    Es lamentable que los escritores desconocidos, además de sufrir la ignorancia, el olvido y hasta el maltrato, tengan que sufrir en la desesperada carrera de los premios como casi única opción de publicar. Por suerte, ya que los lectores tienen una extraña perspicacia, están aprendiendo a marginar el e-book ridículo y torpe del decente con contenidos que le interesan y los escritores cada vez más apelan a editores independientes, amigos correctores y diseñadores freelancers. Los que no se pueden permitir una agencia de publicidad, ni un community manager, apelan a sus amigos de las redes sociales, a la librería del pueblo, todo esto aderezado con el micromecenazgo que fomenta el crowdfunding (en pañales aquí).

    Ahora hay mucho caos y el ecosistema convencional de la industria editorial debe reinventarse, adaptarse a las nuevas realidades y cuidar al escritor y al editor, entender las nuevas relaciones de estos con el lector y facilitar el flujo de contenidos, el lanzamiento de nuevos autores, el cuidado y mantenimientos de los consagrados, sólo así el efecto cultural, sociológico y económico será mucho mejor. La industria de la música tembló y sufrió con la era de Internet, pero ahí está, adaptada, asumiendo retos y sobre todo soluciones a los problemas a los que se enfrenta día a día. En la industria editorial hay mucha pereza, miedo y modelos de negocio ineficientes que conspiran contra el autor, los editores, los impresores, los libreros y espero que eso pueda cambiar.

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    • Gracias por el comentario Yam (la próxima vez deja tu nombre que no me como a nadie).
      No digo que tu razonamiento este privo de sentido, digo que es muy generalista y tan parcial como me acusas de serlo.
      Por partes. El editor según creo desarrolla una acción que va más allá de la edición y corrección del texto) Es una valla como es una fortín, excluye como defiende. Un autor se defiende a si mismo y hace como mejor cree.
      Ahora bien, el mundo editorial se retira, se enroca, aprovecha las posibilidades para desarrollar nuevas plataformas de autopublicación (modelos mixtos le llaman) y sigue haciendo de su casa una casa donde puedes hallar ciertas cosas y no otras.. Eso vale para géneros y formatos, pero hay también editoriales que se lanzan a defender y probar cosas nuevas. Cito algunas: Sinerrata, rayo Verde, Ganso y Pulpo Minobitia, Editorial Intangible (de la cual soy y he sido editor aunque ahora este inactiva) y me dejo muchas otras.
      Los autores también entran en el saco de los desconfiados del formato. usando un dicho en todos sitios cuecen habas. Los autores deben realizar también estos un cambio cultural, dejar de creer que las ventas lo son todo, que se les roba, esquilma y más y muchas veces no hacen cuentas con la realidad, iniciando con la propia (que no son Hemingway, por ejemplo) y la de su editor (que 999 veces sobre 1000 no es rico ni pasa el día en tertulias martini en mano).
      Para terminar, declaro que nos soy de los de lamentarse y te invito a leer los artículos restantes de este blog (y por cierto, tu comentario está lleno de quejas y reproches cuanto de encendidas defensas). hay autores malos que no se resignan a no publicar y están convencidos que existe una conjura contra ellos. es solo que escriben mal. desde luego siempre pueden vender libros pero que nadie confunda ventas con calidad, empezando por los autores.
      Todo va a cambiar, pero algo quedará cambiando.

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