¿Quien lee?


Las cifras del mundo editorial apuntan al rojo. Los ciudadanos españoles pierden empleo y renta. Se presenta como consecuencia que se vende menos: menos libros y menos recaudación.

Mientras, los editores discuten del precio del libro impreso y electrónico y se habla de la burbuja de editorial y de la necesidad (que comparto) de un decrecimiento del conjunto de obras editadas. Claro que, parte al menos de esa burbuja, es un fenómeno que se ha creado buscando una entrada rápida de dinero fresco y favoreciendo la aceleración del ciclo de publicación y rotación de títulos (dejo a parte la cuestión de la autopublicación y el número de títulos publicados de este modo).

En esta situación se cierran librerías y se entablan discusiones sobre como salvar librerías.

De paso se habla de cómo se han vendido más dispositivos lectores que libros electrónicos.

Todo esto dentro del mundo editorial.

Probablemente me estoy dejando muchos otros puntos.

Fuera del mundo editorial ocurren otras cosas.

Por ejemplo, todos los informes sobre nuestro sistema educativo siguen indicando un importante porcentaje de abandono escolar y un nivel insuficiente de comprensión lectora.

Todos los informes apuntan a que el número de lectores no se incrementa.

Entonces, ¿quien lee? ¿para quien se edita?

Cualquier estudio de la última década señala que los ciudadanos de este país no leen (1 o 2 libros al año no puede considerarse como una tasa de lectura sino como lectura accidental). Pocos otros leen un número de libros que los colocan en la franja de lectores ocasionales. Y solo un número muy reducido leen un número de libros igual al número de meses. Menos aún son los lectores fuertes, esos que leen por todos los demás.

Si añadimos a estos datos un corte por renta o nivel de instrucción, vemos como en su mayor parte los lectores constantes se concentran en la franja de renta e instrucción más alta.

A mi juicio, y creo no ser el único que piensa así, está claro que el sector editorial no puede sostenerse en un número tan exiguo de lectores; ya he apuntado más arriba cual ha sido la solución encontrada y desarrollada en los último años y que ahora ya parece no sostenerse ni ser sostenible, especialmente para los libros impresos.

El gran número de obras publicadas, la tremenda rotación de títulos y la calidad cultural de estos títulos se explica de este modo, por la necesidad de satisfacer a un lector accidental con títulos que no supongan un gran esfuerzo de comprensión.

Podemos lanzar balones fuera y decir que la escuela tiene un papel importante en esto, que los padres también deben estimular a sus hijos a la lectura, etc, etc. Pero con estas premisas, que no creo equivocadas en línea de principio, no bastan y además no podemos apuntar siempre a otro lugar en vez de pensar que parte de responsabilidad tenemos los editores en la situación actual.

Si el sector editorial desea salvarse y recuperar su prestigio como motor cultural de este país (como de otro cualquiera) tiene que proponer un plan estratégico de promoción de la lectura o lo que es lo mismo, un plan para crear lectores futuros, lectores pertinaces, de esos a los cuales gusta leer y compran libros. Necesitamos una política seria de incentivo a la lectura, prescindiendo de formato. No solo lo necesita el sector editorial, sino el país entero.

Así pues hay que cambiar de ruta. Las posibilidades son varias, pero todas pasan, a mi entender, por decrecer en el número de publicaciones, aumentar su calidad, acompañar a los lectores (a los más jóvenes a los menos), implicar a todos los sectores (librerías, escuelas, bibliotecas, clubs de lectura, editores).

¿Fácil? En absoluto, sobre todo porque hasta aquí la historia no nos proporciona muchos ejemplos de planes estratégicos a largo plazo que se haya mantenido hasta poder verificar sus frutos.

¿Cómo? No tengo la varita mágica y tiendo a pensar que si una experiencia como esta inicia, lo hará en círculos pequeños y no mayoritarios, como de costumbre. En esta sazón veo siempre más necesaria la consorciación de las editoriales independientes en modo de alcanzar una masa crítica capaz de convencer en primer lugar a las librería y después a las bibliotecas, que son los primeros puntos de atraque de lectores, reales y potenciales. Seguramente hace falta más, más imaginación. Aún así sería muy bueno. Repito, se trata de una necesidad impelente o en 20 no tendremos lectores o no tendremos lectores que superen el listo de las memorias de futbolistas y tronistas (que no son más que prensa deportiva y del corazón con mayor extensión, o sea lecturas de barbería y peluquería de señoras).

Para ir profundizando sobre la cuestión de la calidad e la edición dejo dos sitios principales de los que partir explorando la webesfera en castellano

http://cambiandodetercio.wordpress.com

http://antinomiaslibro.wordpress.com

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9 comentarios en “¿Quien lee?

  1. Gracias por referenciar mi blog. Comparto todo lo que señalas. Una industria no puede sustentarse bajo todos los parámetros que señalas, el problema es que no se ve ningún plan de choque en el horizonte, de seguir así, el propio mercado y su darwinismo expulsará del mercado a cientos de editores. Así no puede seguir el sector. hace falta un editor independiente con capacidad de liderazgo que plantee iniciativas y planes de trabajo, si esperamos que los ministerios o los grandes grupos propongan cosas nos podemos acostar.
    Reitero. Muy buen post. Saludos. Manuel.

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    • Gracias por el comentario. A mi parecer la referencia era obligada.
      En lo referente al tema que toca el artículo, en efecto la cuestión no pude dejarse a si misma. El mercado solo no resolverá la cuestión.
      Mi intención es la de conseguir que los pequeños editores se agrupen y ganen peso y ya que estamos den ellos ese primer paso que tanta falta hace.
      Un saludo.

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  2. Saludos cordiales:
    Hace poco que, hurgando por la red, he descubierto su blog. Aunque aquello que realmente quería es visitar su anterior proyecto editorial. Lamentablemente, he llegado tarde. No obstante, quisiera preguntarle algunas cuestiones antes de montar una editorial digital (de momento no es más que un proyecto en el que invertir el tiempo libre más que el capital y, por ende, aumentar el capital intelectual más que el económico). Vivo en la provincia de Valencia ¿es posible un encuentro en alguna cafetería?
    Antentamente, Jose Antonio.

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    • La idea de consorciación es una idea fuerte en cualquier ámbito y su objetivo es reforzar la edición independiente ante actores de todo tipo: grandes grupos editoriales, gigantes mediáticos y tecnológicos, distribución, autopublicación y más. Lo que me parece importante es que se desarrolle una red de recursos e iniciativas conjuntas y a mi parecer hay mucho que ganar y mucho terreno en que avanzar.

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