Sobre un par de predicciones para el 2014


Hoy quiero poner en relación algunas predicciones y algunos datos con la idea que personalmente me hago de estos y de sus posibles consecuencias.

2014 verá un aumento del número de libros electrónicos o ebooks (no de aparatos de lectura sino de obras en formato electrónico).

2014 verá un aumento de la autopublicación.

 Para que la primera se haga realidad basta poco. El reto no es aumentar el número sino hacer que se compre más libros electrónico y que sea de mejor calidad: calidad formal y de contenido.

Malos libros se han editado siempre y remediar a esto impone una reflexión muy seria a la que no pueden participar quien vea la edición como una industria que debe dar beneficios económicos y dividendos propios de otras industrias: la edición es una industria de supervivencia, muy lejana de un crecimiento económico exponencial. A mi juicio las plataformas de autopublicación se auto excluyen de esta reflexión.

Insisto, hoy tenemos la primera generación de editores digitales y debe correr riesgos, que no quiere decir ir a lo loco sino proceder con una idea clara y apostando por una calidad creciente. Es la generación precedente la que apostará por cosas como las plataformas de autopublicación, o bien quien busque exclusivamente un negocio rentable.

 La segunda es la de mayor riesgo.

Para la edición quiero decir.

En un cuadro de crisis prolongada este modelo de negocio se convierte en apetecible, pero tiene visos de convertirse en una posible burbuja.

La autoedición ha sumado los sueños de gloria con el éxito económico y ha seducido a una parte de candidatos a escritores que se han quedado fuera del circuito editorial (dicho sea de paso a modo de parcial descarga, un circuito incapaz de gestionar el volumen de obras propuestas). Muchos de estos autores ven al editor como un enemigo en virtud de tres razones básicas (Dana Beth Weinberg. @DBWeinberg lo analiza bien): desconfianza hacia los editores. El autor desconfía de la gestión de la obra, de la comprensión de la obra, de la capacidad del editor de aceptar las críticas, de la remuneración; sensación de maltrato, de no tener la estima personal editor, que el editor no comprenda la valía del autor, de esclavitud a través de un contrato; por último algo que podría resumirse en codicia o la sensación de poder ganar más y que está a mi modo de ver en relación con el primer punto, la desconfianza. Creo oportuno que el editor reflexione sobre estas cuestiones si desea seguir siendo editor. De no aceptar este reto el riesgo mayor está en la posibilidad de ver a nuestros autores de ventas promedio pasar a la autopublicación: eso sería un problema serio para las editoriales independientes que no han puesto en pie plataformas de autopublicación.

Por otro lado me gustaría recomendar mayor autocrítica también a lo autores.

Esta seducción ha atraído también a editoriales tradicionales que han puesto en pie plataformas de autopublicación, ¿por qué esta carrera, que incluye incluso editoriales, hacia la autopublicación? Se me ocurren varias respuestas. Una es que desconfían de su propia identidad como editores. Otra es que la prioridad es cuadrar la cuenta de resultados; ya que no es rentable la edición se hace rentable la publicación de quien espera obtener un beneficio colocándose como outsider en el mundillo editorial. El verbo clave es espera.

Sea como sea, la vieja forma de autopublicación de la impresión se ha adecuado a la era digital. Es más ha crecido exponencialmente; se cuentan por centenares las plataformas que ofrecen esta posibilidad. La promesa es desintermediar, pagar bien y hacer valer la meritocracia de la obras y los autores que el mundo editorial desoye, que sea cierto o no: si Thatcher levantase la cabeza. Y esta multiplicación de plataformas de autopublicación se debe en parte a los factores descritos más arriba, en parte a una circunstancia estructural y una crisis de identidad.

Como ha dicho Peter Turner (@PeterTurner) en un tuit reciente “es increíble cuanta innovación e inversión se ha realizado en relación a los servicios al autor y no en publicación, venta o lectura”: para hacerse una idea de que cantidad de dinero estamos hablando puede consultarse esta página, que por lo demás es necesariamente incompleta. Y esto teniendo en cuenta que según algunos, como por ejemplo Thad McIlroy (http://thefutureofpublishing.com) debe subrayarse la naturaleza poco rentable de la edición “Hay montones de compañías en busca de fondos sin éxito y se cree que la edición no es terreno fértil para los fondos de inversión, porque por lo general la edición no es rentable” (aquí la presentación completa por cortesía del mismo autor) En otras palabras son las plataformas de autopublicación, fundamentalmente aunque no solo, las que se han multiplicado desmesuradamente.

Es fácil ver que tales cifras de inversión (hablamos de más de 300 millones de dólares USA) no se justifican si no hay un beneficio (y no todas ellas lo alcanzan, casi ninguna). Para asegurar este beneficio hay que generar un flujo de autores autopublicados relevante y creciente: ese va a ser el esfuerzo de muchos este año y por tanto no es casual que una de las predicciones para el año 2014 sea el crecimiento de la autopublicación.

La diferencia entre el número de autores autopublicados actual y futuro (y por consiguiente de las entradas directas e indirectas que generan), los límites de gestión óptima las plataformas, el retorno de inversión y la inversión misma, determinará el tiempo de duración de lo que parece va a ser la próxima burbuja editorial, porque el único remedio para sostener esta carrera desenfrenada es que el crecimiento sea infinito y todas las experiencias indican que carreras como estas son burbujas que deben explotar.

Otra circunstancia que concurre, o puede concurrir, en las plataformas de autopublicación es la creación un sistema vertical y cautivo similar al de Amazon; no siempre ocurre, pero la tentación persiste.

Una vez convencido el autor de que este es una marca que debe competir, iniciar la guerra del precio a la baja cuesta poco. Pero en este caso el autor está preso de un mercado cautivo, de un circuito de referenciación y distribución cerrado basado en un precio bajo. ¿podrá salir?

Me hago entonces algunas preguntas.

La primera es, ¿por qué las plataformas están a salvo de la frustración y la crítica que parece afligir a los autores cuando publican en una editorial o hasta cuando lo estarán?

He podido leer, por ejemplo, afirmaciones como esta “Al fin, ese manuscrito que las editoriales no se molestaron en leer puede exponerse al público y ser leído por cientos o incluso miles de personas. Autores, otrora rechazados, tienen la oportunidad de mostrar sus obras a quienes realmente importan: los lectores”.

La verdad es que el manuscrito editado podía ser leído igualmente por cientos de miles como por nadie, tal y como le ocurre a la autopublicación pero de la cual solo recibimos noticias de los casos exitosos de los autores autopublicados (ignorando los números totales, porque en cualquier caso el mundo de la (auto)edición este aspecto siempre es opaco). La mayor parte de los usuarios de estas plataformas están muy lejos del éxito.

Sospecho que la respuesta a la pregunta que me hago tiene varias respuestas y me pregunto después ¿cuánto lejos de las propias expectativas debe quedarse el autor antes de repensar la publicación de su obra? Para muestra un botón.

Más preguntas, ¿cual será la tasa de abandono tras unos fracasos? ¿Cual la tasa de “renovación” de los autores? ¿Cuándo explote la burbuja donde se refugiarán la autores autopublicados? ¿Habrá un reflejo sobre la calidad de la publicación del libro electrónico?

¿Qué ocurrirá si las plataformas, como se rumorea desde hace tiempo sobre Amazon, deciden convertirse en editores? Si esto ocurre a mi juicio los autores autopublicados en estas plataformas con sistemas cerrados se habrán convertido en el mayor banco de experimentación en campo editorial jamás visto: habrán dado, junto a los lectores y por nada, todas las indicaciones de géneros, volumen, tipología, edades, selección y precio (incluidas sus variaciones de todo tipo).

Última reflexión, ¿a qué servirá el ISBN en plataformas cerradas autoreferenciales capaces de manejar algoritmos internos eficaces y eficientes a sus propios fines?

Me parecen demasiadas incógnitas para fiarlo todo a que el futuro está por esa senda. Igual me equivoco. e

No creo que la autopublicación se acabe mañana ni nunca, lo que si creo es que las plataformas de autopublicación van a sufrir en futuro no lejano una severa corrección, al menos como “modelo de negocio”. Mi preocupación es que vivimos en un país donde se escribe y no se lee y el mundo editorial parece más preocupado en cómo sacarle beneficio a la escritura que a la lectura. A medio el riesgo no es solo el de vivir otra burbuja, sino a largo plazo el de no haber cultivado una nación de lectores. Cuando no tengamos lectores ya no tendremos crisis, simplemente no estaremos aquí.

Al hilo de todo esto se me ocurre que la presión que grandes grupos editoriales y de inversión pueden ejercer apostando por una forma productivista de entender la edición necesariamente tiende a ser determinante. La labor del editor independiente a mi entender debe centrarse en resolver problemas como la calidad de contenido y del contenedor, el coste de los recursos necesarios para la edición, la distribución, la relación con las librerías, los lectores, las bibliotecas y los autores. En definitiva, decrecer, integrarse horizontalmente y renunciar a la infeliz idea de hacerse ricos.

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5 comentarios en “Sobre un par de predicciones para el 2014

  1. Muy apropiadas todas tus reflexiones. Estos últimos días he leído cosas parecidas en los blogs de Txetxu Barandiarán y de Manuel Gil.

    Creo que la idea capital es la forma en la que se aborde la edición en general (y la digital en particular). Si nos dejamos llevar por los cantos de sirena de los comerciantes de contenidos y soportes (que recordemos que no pierden, porque no invierten en búsqueda, sólo en distribución) nos encontraremos con un panorama baldío, que, como tú dices, será un escenario sin lectores.

    Si los profesionales involucrados en el proceso editorial (todos) no abogan por criterios de calidad, mal vamos. La búsqueda del beneficio inmediato que ha suscitado la aparición del fenómeno de los autopublicados es lógica, pero no puede determinar la forma en la que se desarrolle el proceso editorial en el futuro. Como apuntas, hay que actuar con calma, ser capaces de entender qué es una moda y qué no, y centrarse en mejorar los aspectos que puedan ser relevantes para la edición.

    Felicidades por el artículo. Da gusto ver que hay gente con las ideas claras frente al caos que nos rodea.

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    • Muchas gracias por el comentario Emiliano. En efecto, pienso que es necesario hacer una reflexión sobre que se desea editar y por qué y darle al lector libros de enjundia y bien hechos. Son muchas las posibles acciones, unas individuales y otras colectivas. Yo espero volver y ponerlas en practica y espero hallar compañeros de viaje. Mientras tanto digo lo que me parece debería hacerse y he intentado hacer.

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  2. Pido perdón si lo que voy a escribir os resulta algo soso, es que con lo de los e-books estoy claramente en pañales. Lo esencial es que no me gusta leer un libro en pantalla, así que lo que busco es un e-book que se pueda imprimir: lo que pasa es que, generalmente, no se puede. Una cosa que me ocurrió con la plataforma de la Casa del Libro fue que el texto que compré se quedó en un “cloud” y no hubo manera de descargarlo en mi ordenador. Bueno, paciencia. Pero, encima, al cabo de un año lo quitaron, así que me quedé sin nada. Eso es: el libro es algo que se toca y se huele. Y se puede volver a él en cualquier momento. Por lo cual, en mi opinión, está muy bien el método de transmisión de un texto mediante un soporte electrónico, pero, después, se debe permitir la impresión a quien desee realizarla. Un saludo.

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    • Chiara, mil gracias. Todo un frente de discusión el de los permisos de impresión de los libros electrónicos.
      En que se refiere a misterio del ebook desaparecido, he de decir que tenemos un caso análogo al de pérdida de un libro impreso.

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